Miramundo

De mensajes, legados y otros cuentos

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

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Carlos Martínez Durán, uno de los rectores de la Universidad de San Carlos más significativos, escribió Tiempo y Substancia del Estudiante Eterno y relató sus experiencias como persona comprometida con la docencia, pero sobre todo exhortó a los estudiantes para jamás dejar de serlo. José Barnoya García, quien se nos adelantó el domingo 7 de noviembre al periplo preparado para todos, siempre fue para mí la encarnación del estudiante eterno: hasta en sus últimos días más de un libro le hizo compañía.

De Chepe, el Sordo, el Hijo Predilecto de la Chabela, puede decirse mucho; sin embargo, quiero en estas pocas líneas compartir cuatro de sus cuentos cortos, porque retratan su preocupación por nuestro país, donde disentir es tan peligroso que para algunos es causa de insurrección, y así comentar un poco de su legado.

Chepe nació cuando Ubico entró al poder. Contaba cómo su madre perdió la leche al allanar la policía su casa buscando a la Chinche, su padre. El cuento llamado Represión dice: “La única forma de terminar la subversión es esta: Tomó en sus manos la guía telefónica y empezó a hojearla por la letra A”. Por cierto, el cuento es un mensaje muy actual para quienes ahora mandan.

Chepe fue un guatemalteco de verdad, armaba nacimiento en diciembre, cargaba en Semana Santa, volaba barriletes y preparaba fiambre en noviembre; visitaba Santo Domingo en octubre, ponía bandera en septiembre, visitaba Candelaria el 2 de febrero; en fin, vivió su fe y sus tradiciones en forma y fondo.
De acá nos legó un cuento llamado Ironía, en donde nos comparte una pincelada cristiana: “Pueden estar orgullosos, el informe reveló que es todo un hombre, tiene un cromosoma X y un cromosoma Y. Treinta y tres años después lo sepultaron como XX”. Chepe enterró a muchos amigos, quienes jamás cargaron un fusil, porque ellos creían en la democracia y la libertad.

El Doctor Barnoya en muchos de sus escritos denunció la desnutrición como uno de nuestros más grandes males, y este cuento dice: “Cuando la maestra lo reprendió por no saber escribir la palabra pan, el niño respondió que nunca lo había comido”.

La ironía de José Barnoya es formidable, a uno de sus últimos libros lo llamó De gorilas y chinches porque su vida fue entre cuartelazos y abusos, pero también bajo el legado de su padre y su tío, las Chinches Barnoya.

Ahora, en Centroamérica existe un claro componente de burla a eso llamado constitución y del Suchiate al Río San Juan se aplauden las prácticas abusivas, resulta útil releer las Últimas palabras: “Agonizante, el dictador entreabrió la boca para decir: Perdono a todos y cada uno de mis enemigos, con la única condición de que no asistan a mi entierro. Pueden quedarse en sus tumbas”.

Poeta, ensayista, cuentero y cuentista, anecdótico, Chepe retrató la verdadera guatemalidad, legó sus letras para las nuevas generaciones con la esperanza de no repetir los errores y horrores del pasado. Serán los patojos quienes deberán aprovechar la enseñanza y el consejo.

Deja a sus hijos Margarita, Inés y Joaquín su amor, pero sobre todo a su segunda madre, la Universidad de San Carlos, en una de las crisis más angustiantes de su historia, y vaya si no platicamos de este tema en más de una ocasión, sobre todo al ver a un exrector y además médico servir a la corrupción y al latrocinio en un gobierno donde solo el kepi le hizo falta portar. Ojalá su mensaje y legado sea luz para los verdaderos universitarios en momentos de siniestra oscuridad.