Urbanismo y sociedad

Después del terremoto de 1976: la tragedia de Guatemala

Alfonso Yurrita Cuesta alfonsoyurritacuesta@gmail.com

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El terremoto mató a 23 mil personas, 77 mil sufrieron heridas graves, alrededor de 258 mil casas quedaron destruidas, cerca de 1.2 millones de personas quedaron sin hogar, 40 mil en las áreas rurales emigraron a la capital.

Apostados en champas en los parques hubo que ubicarlos en un lugar donde vivir. En ese momento trabajaba en la Municipalidad y los reubicamos en la colonia Bethania y la colonia 4 de Febrero, en la zona 7. Se les dieron lotes en terrenos de 6×12 metros, con servicios sanitarios básicos. Ellos armaron allí sus humildes casas, pero nos dimos cuenta de que había que incluir a esa gente en un desarrollo económico.

Tras el terremoto, tratamos de echar a andar los planes urbanos de Manuel Colom con el EDOM, pero cuando estaba organizando la oficina en la Muni se vinieron los cambios de alcalde con Arzú, quien no asumió su responsabilidad de continuarlo. Así la ciudad fue creciendo rápidamente y desordenada, sin reglas ni planes urbanos, con grandes barriadas en los barrancos, de los migrantes rurales que vinieron durante estos hechos.

Después del terremoto vino otro gran problema, el conflicto armado interno, con un resultado: perdieron la vida más de 200 mil personas (Inf: 26 feb. 1999, CEH), y la población rural que huyó de este conflicto vino a sumarse al problema de las migraciones rurales anteriores en la ciudad.

En aquel tiempo trabajé en la Muni con los franceses que asesoraban en la construcción de un metro, en México y en Washington. Su idea era que había que bajar a la gente del carro y subirla a los edificios (densificar verticalmente). Pero subrayé, si no se hacía el metro se crearán más problemas de tránsito, que es lo que pasa actualmente.

Ahora vino el covid-19, por lo que tendrán que pasar generaciones antes de resolver el problema de tener un transporte seguro. El asunto del transporte urbano y extraurbano empieza con la amenaza del virus. Para el empleador de operadores de autobuses su fuerza de trabajo se agrava por las restricciones de separación entre pasajeros, adentro y afuera; la limpieza del sistema, evitar aglomeraciones en las estaciones, el contacto cercano no menor a 1.50 m, que pueden incluir trabajadores de estaciones de transporte y trabajadores de mantenimiento. Si son convivientes pueden ir sin mascarillas. Implementar puestos de control de salud. Antes de acceder a una estación de transporte público se debe comprobar la temperatura corporal de las personas. En caso de que se encuentren signos de fiebre, no se permite la entrada a la estación.
“La recuperación de la crisis del covid-19 no puede significar seguir haciendo las cosas como siempre. La inclusión de vehículos de transporte público eléctricos disminuiría los gases de efecto invernadero, además de reducir la contaminación atmosférica y acústica. Al fomentar la movilidad y la conectividad de personas y mercancías, el transporte sostiene la actividad de otros sectores económicos y contribuye a crear empleo, añadir valor económico y promover la inclusión social.” (ONU). Pero ahora hay otro problema, los guatemaltecos no se bajan del auto tan fácilmente, por ser uno de los sistemas de mayor seguridad contra el covid-19, y por la violencia, para trasladarse por la ciudad, por lo que tendrán que pasar generaciones para que eso cambie.

Solo quedaría ver si funcionan las seis vacunas contra el covid-19 que están en la última fase 3 y disponibles quizás para finales de año. Para mientras, no queda más que lavarse las manos a fondo y con frecuencia, evitar tocarse los ojos, la boca y la nariz, y usar mascarilla.