De mis notas

El cáncer del presupuesto

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

Hago eco de los ecos. Hago eco de los gritos, de los silbatos, de las pancartas y las consignas, de descontento de los millares de guatemaltecos demandando desde hace años, no solo ahora, ¡cambio, cambio, cambio, ¡fuera corrupción ¡No queremos más de lo mismo!

Y por más que le doy vuelta al asunto y pienso en todos los actores que mueven los hilos detrás del escenario, en donde se está jugando el destino de nuestro país, me embarga mucha inquietud de los “cómo” y los “con quiénes” de este drama que se juega en las calles desde hace tiempo. Un movimiento de justo reclamo tratando de cambiar un sistema medio fallido, inútil y especialmente corrupto, en uno con pesos y contrapesos, leyes anticorrupción —o cuando menos, un sistema que permita un monitoreo más eficiente y funcional de la cosa pública: La Ley de Servicio Civil, Ley de Compras y Contrataciones, sistema de justicia. En otras palabras, la reforma del Estado.

Pero NO se habla de los problemas del Presupuesto, que de cada quetzal recaudado debe descargársele, de entrada, el aporte obligatorio constitucional: para Usac 7%, municipalidades 10%, Cultura y Deportes, 1.5%. Total 18.5%. Quedan 0.85 centavos. De esos, 0.35 centavos se dedican al pago de la deuda pública. Lo que queda al final son 32 centavos, o la tercera parte del presupuesto para, “por obligación”, atender los 88 pactos colectivos sindicales, que cada año suben 10% y han crecido 181%: De Q9 mil 260 millones en el 2008 a Q26 mil millones en el 2019. Amén de los 25 mil maestros que controla Joviel en el STEG y el costo de los 25 mil maestros del programa Paped, pagándole a la Usac Q12,500 por maestro, por año.

Aun así, la mayoría de los presupuestos de los ministerios no ejecutan más del 60% de su presupuesto. Por encima de esta nube difusa de cifras que pocos entienden, el Banco Mundial indica lo que ya sabemos: que se pierde en gasto opaco y de baja calidad hasta el 25% del presupuesto. Ergo, estamos gastando como tontos y pidiendo prestado para pagar y sobrevivir. Hasta hace unos años íbamos relativamente bien en la curva de endeudamiento, ahora la flechita se disparó hacia arriba. La cosa pinta muy mal.

No oigo de las voces serenas propuestas concretas de cómo enfrentar el dilema. Al contrario, solo que se anule el presupuesto con todo y diputados y al Congreso mismo. Se escucha la insistencia de las tribus de seguir la presión del cambio y es algo saludable, pero es necesario ser realista en lo que es viable hoy, aquí, ahora.

¿Quiénes son los que deberían reunirse para definir una hoja de ruta razonable y factible para enfrentar el verdadero problema que es una reforma al sistema sin tocar la Constitución para evitar abrir una caja de Pandora de consecuencias impredecibles en estos momentos? Me cuento entre los temerosos. ¿Podríamos ponernos de acuerdo?
Entendamos, también, que la mayoría de esa “otra Guatemala” sigue a la espera de nuevas oportunidades: Empleo, salud, educación, infraestructura, presentes en forma precaria y limitada. Esa es la olla de presión que tiene que encontrar un desfogue eventualmente. Ojalá pudiésemos utilizar este moméntum para encauzarlo hacia una agenda compartida, una visión de país, buscando los grandes consensos y con la habilidad de distinguir lo prioritario, lo factible y, ante todo, lo urgente.

Picasso diría: Encontrar en alguna parte de los negros alguna luz de blanco para descubrir un gris común.