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El Congreso crucifica a la democracia

Carolina Escobar

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El Congreso es el lugar donde la democracia se practica o se crucifica. Allí, en la mejor de las teorías, se ejerce el juego democrático bajo reglas claras; allí se decretan, reforman o derogan leyes; allí se aprueba, modifica o imprueba el Presupuesto del Estado; allí se fiscaliza al Estado y se elige a funcionarios públicos clave; allí se juramentan los cargos más altos del Estado, entre mucho más.

Pero, en realidad, eso no está sucediendo en el congreso guatemalteco actual. Allí se está retratando de cuerpo entero el pacto de corruptos y, exceptuando a algunas honrosas excepciones, los peones de las mafias están haciendo estallar la democracia desde dentro. Los mecanismos y espacios democráticos (votos, alianzas, comisiones…) han sido también secuestrados y los operadores de la corrupción están acabando, a gran velocidad, con lo poco de democracia que alguna vez conocimos. Sus aliados, desde fuera, observan con placer el acto sacrificial.

Durante los últimos años, el mismo Congreso que hoy quiere aprobar leyes aberrantes ha aprobado préstamos millonarios destinados a la corrupción, ha retrasado procesos de elecciones en las Cortes, ha respaldado elecciones fraudulentas en instancias públicas o autónomas, ha nombrado a funcionarios públicos señalados de corrupción y ha detenido leyes importantes para el futuro del país, entre mucho más.

Vamos a nombrar cada uno de los últimos siete clavos que están clavándole a la democracia en el Congreso: Clavo 1. La iniciativa 6076 para el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad pública y del Ejército, que legaliza el uso de fuerza en las manifestaciones, liberando de toda responsabilidad a quien, del Estado, cometa homicidios durante las mismas. Clavo 2. La iniciativa 6054, que crea un Súper Ministerio de Medio Ambiente y suprime a otras entidades dedicadas a la conservación ambiental y que, con la sola aprobación de una persona, permitiría seguir destruyendo lo poco de naturaleza que le va quedando a Guatemala.

Clavo 3. La iniciativa 6120, que quiere a una Contraloría General de Cuentas que no le cuente las costillas a nadie y que impediría saber el destino de los fondos sociales que terminaron en las arcas de la corrupción y en las cuentas de funcionarios corruptos. Clavo 4. La iniciativa 6055, que reduce las sanciones a quienes cometen delitos medioambientales y los exonera de toda responsabilidad porque pobrecitos los que destruyen territorios completos, los que secan o contaminan mantos de agua, los que dejan inservible el territorio o deforestan selvas y bosques.

Clavo 5. La iniciativa 5923 que autorizaría privatizar y modificar sitios arqueológicos para convertirlos en parques temáticos sin considerar la opinión de pueblos originarios y expertos ambientalistas. Clavo 6. La iniciativa 6021, también llamada Ley Perenco, es el clavo más doloroso, porque pretende prorrogar a perpetuidad el contrato a la petrolera Perenco, que ha sido uno de los peores “negocios” que aquí han hecho los sucesivos gobiernos. Es otro acto de traición a este pequeño país centroamericano, que han regalado a pedazos.

Clavo 7. La Comisión de Asuntos Electorales del Congreso dio dictamen favorable a unas muy cuestionados reformas a la Ley Electoral que disminuyen la responsabilidad de los secretarios generales de los partidos en el tema del financiamiento (ilícito), entre otras “chuladas” parecidas.

Todo esto sucede mientras el 60% del préstamo que el BIRF dio para combatir la desnutrición a través del proyecto “Crecer Sano” (Q8 millones) ha pasado a la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia, para integrar los Q14 millones destinados a “varias campañas de divulgación” del gobierno actual. Si todo esto junto no es crucificar a la democracia, yo no sé de qué otra manera llamarlo.