Por la libertad

El dilema de la soberanía

¿Qué ocurre si el gobernante ilegítimo viola los derechos individuales a la vida, la libertad y la propiedad?

El mundo está cambiando. Las grandes potencias están tomando su lugar. Por si alguno tenía dudas, Estados Unidos de América surge nuevamente como la potencia más fuerte entre todas. Su capacidad militar es impresionante, avanza en tecnología y está dominando el peligroso juego de luchas de fuerzas en el mundo. Su intervención en Irán fue clave para lo que está pasando hoy en día, y no me extrañaría que vuelva a hacerlo de una forma diferente para sacar de su lugar al tirano que hoy manda en ese país. En Venezuela, llevó a cabo una operación militar sin precedentes, sacando a Maduro y su esposa de su fortaleza y llevándolos ante la justicia estadounidense. Cuba está sufriendo las consecuencias y se ha quedado sin el petróleo que Venezuela le financiaba a cambio de la propia seguridad de Maduro, así como de asesoría militar e inteligencia a su nefasto régimen dictatorial. Nicaragua no se hizo esperar y comenzó a liberar a los presos políticos. ¿Qué viene ahora?

No se vale que un tirano y dictador que usurpa el poder siga cometiendo crímenes ante nosotros a diario.

Muchos argumentan que lo que está haciendo Estados Unidos es ilegal, que se debe respetar la soberanía de cada país. Entre los estadounidenses, algunos apoyan estas acciones, pero otros consideran que Estados Unidos no debería intervenir en lo que otros países hacen, que ellos mismos, si quieren libertad, deben luchar por ella. No faltan quienes están en contra de cualquier cosa que Trump, por más beneficiosa que pueda ser para Estados Unidos, diga o haga.

Considero que lo que está haciendo Estados Unidos era necesario.  Si Estados Unidos y los aliados hubieran intervenido antes en Alemania para sacar a Hitler del poder, posiblemente la mayoría de los judíos que fueron asesinados en los campos de concentración estarían vivos. Si Estados Unidos hubiera sacado con fuerza a Fidel Castro, posiblemente Cuba sería libre y no habría exportado su revolución al resto de los países latinoamericanos. ¿Cuántas vidas se habrían salvado? No se vale que un tirano y dictador que usurpa el poder siga cometiendo crímenes ante nosotros a diario.  Encarcelan, torturan y asesinan a sus contrincantes políticos.   Matan de hambre a su propio pueblo para enriquecerse. Tampoco se vale hacerse el desentendido desde otros países más desarrollados ante todas estas atrocidades. Muchos países se volvieron cómplices de los crímenes ocurridos en la Alemania nazi, la Cuba de Castro, la Venezuela de Chávez y luego Maduro, y la Nicaragua de Ortega. No he mencionado a otros países con dictadores y tiranos como Corea del Norte y la propia China continental, donde ahora mismo está ocurriendo una purga de altos mandos para fortalecer el gobierno de Xi Jinping.

Si bien sería ideal que ningún país interviniera en la política y dirección de otro, argumentando que es la decisión democrática de su pueblo, ¿qué pasa si hay fraude para perpetuarse en el poder? ¿Qué sucede si se elimina a los opositores políticos? ¿Qué ocurre si el gobernante ilegítimo viola los derechos individuales a la vida, la libertad y la propiedad? ¿Deben los demás países quedarse sin hacer nada? De ser así, ¿no se volverán cómplices? Las declaraciones en los organismos internacionales contra estos dictadores no han servido de nada; a los dictadores y tiranos les da risa. Hablar no cuesta. Sin embargo, con la acción que realizó Estados Unidos en Irán y en Venezuela, otros ya están poniendo sus barbas en remojo y cambiando la situación de violación de todos los derechos individuales. Esto funcionó y está funcionando. Esto es más real que mil declaraciones escritas en las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos. Así está cambiando la geopolítica del mundo, y creo que para bien. Esperemos que en Latinoamérica pronto veamos a una Venezuela, Nicaragua y Cuba libres.

ESCRITO POR:

Ramón Parellada

Empresario. Catedrático universitario. Director del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES).