La buena noticia

El evangelio universal

La luz de esa esperanza da sentido a la existencia temporal.

El cristianismo se desarrolló con una apertura universalista desconocida en el judaísmo que le precedió. Por una parte, Jesús se presentó como el cumplimiento de las promesas y esperanzas de Israel. El evangelio no era una ruptura con lo anterior. Por otra parte, Jesús y su evangelio no se confinaron a Israel, sino que desplegaron un alcance universal. Ciertamente los judíos son los primeros destinatarios del mensaje y de la obra de Jesús, pero el resto de la humanidad también. Para poner un solo ejemplo, cuando el evangelista san Mateo narra la decisión de Jesús de establecerse en Cafarnaúm, ve en ello un anticipo del alcance universal de su misión. Cita e interpreta un texto de Isaías, según el cual el antiguo profeta anunciaba que “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”. Y lo entiende como una referencia a la llegada de la salvación a los pueblos del mundo por medio del evangelio.


El libro de los Hechos de los Apóstoles narra cómo la misión de los primeros predicadores del evangelio se fue abriendo camino entre personas no judías, a quienes los judíos llamaban y llaman goyim, palabra que se traduce por “gentiles”. Los primeros gentiles en acoger el evangelio fueron aquellos que ya simpatizaban con el judaísmo y reconocían al Dios de Israel como el único verdadero y asumían sus leyes morales para regular su propia conducta. Pero, enseguida, gentiles que no habían tenido contacto previo con el judaísmo acogieron el evangelio. Y de hecho el crecimiento de la Iglesia cristiana se dio principalmente entre ellos, hasta el punto de que el Nuevo Testamento está escrito en griego, la lengua franca en el Mediterráneo oriental en el siglo I, y no en arameo, el idioma de Jesús y de los primeros cristianos. Sin embargo, ese mismo Nuevo Testamento no explica claramente por qué la obra de Jesús y el evangelio tienen alcance universal.

Estas dos ofertas, perdón de los pecados y victoria sobre la muerte, hacen que el evangelio sea una propuesta de salvación universal.


El cristianismo es ante todo una religión de salvación y solo subordinadamente una propuesta ética. A partir de la muerte y de la resurrección de Jesús, el anuncio del evangelio se centró en el significado de esos acontecimientos y de sus consecuencias para los creyentes. En ellos se había dado la solución a dos problemas que afectan a todas las personas, de todas las naciones y de todos los tiempos. Esos dos problemas, que además no tienen solución humana, sino solo divina, son la muerte y las ambigüedades de la libertad.


En efecto, la muerte como final perentorio de la existencia humana proyecta una sombra sobre la vida temporal de toda persona, hasta el punto de socavar el sentido de toda obra constructiva que se pretenda realizar. Si todo esfuerzo personal acaba en la nada, ¿qué sentido tiene? El Hijo de Dios, al hacerse hombre, compartió la muerte humana de forma atroz, pero la venció por su resurrección. Él comparte esa victoria con quienes creen en él, de modo que para el creyente la muerte no sea ya muro final, sino puerta a la plenitud en Dios. La luz de esa esperanza da sentido a la existencia temporal. El compromiso moral hace a la persona idónea para alcanzarla. Por eso su condición subordinada a esa meta.


Por otra parte, la libertad acarrea la posibilidad de equivocarnos, de ser negligentes y de realizar actos inmorales. ¿Es posible que los errores y la maldad del pasado no hipotequen el futuro personal? ¿Se puede comenzar de nuevo? Jesús, el Hijo de Dios, asumió el pecado del mundo en la cruz y así habilitó a todo hombre para recibir el perdón de Dios gratuitamente. Dios, además, fortalece la libertad para hacer el bien. Estas dos ofertas, perdón de los pecados y victoria sobre la muerte, hacen que el evangelio sea una propuesta de salvación universal.

ESCRITO POR:

Mario Alberto Molina

Arzobispo emérito de Los Altos. Reside en Quetzaltenango. Fue también obispo de Quiché. Es doctor en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico. Ha sido docente en diversos centros teológicos en Guatemala y decano de la facultad de teología de la Universidad Rafael Landívar.