Miramundo

El exilio como efecto de la intolerancia

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

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No sé si porque en casa se comentaba o porque antes los niños leíamos más los diarios, de güiro recuerdo las cínicas declaraciones de funcionarios luquistas afirmando que en Guatemala no existían presos políticos, el canciller del régimen Rafael Castillo Valdés con sorna sostenía vivir en una democracia. Dentro de los recuerdos de esa dura época también tengo presente un estudiante de apellido Ciani trasladado del Centro Médico al aeropuerto envuelto en la bandera de Costa Rica y como Guillermo Colom Argueta evadió a los orejas y entró de imprevisto a la embajada venezolana sobre la 8ª calle de la zona 9 a un costado del Parque de la Industria a buscar refugio.

En nuestra casa siempre se recordó a los amigos exilados, Jorge Mario García Laguardia resguardado en México, Augusto Lemus o Julio de León Méndez, buscaron protección en Costa Rica. Lemus fue torturado por el “célebre” 7 Litros del gobierno de Ydígoras y de León Méndez cometió el pecado de transformar la educación médica en San Carlos junto a otros valiosos galenos. Ronaldo Luna, médico también, dejó el país de la noche a la mañana rumbo al norte, avisado de su pronto asesinato.

Con el triunfo del gobierno de la Democracia Cristiana, ya adolescente, empecé a escuchar sobre el retorno de exilados, entre quienes resaltaban Mario Monteforte Toledo, Francisco Villagrán Kramer y Edmundo Vásquez Martínez quien meses antes había aceptado presidir la Corte Suprema de Justicia y el Organismo Judicial.

Guatemala ha sido un país que expulsa a sus valores. Si hablamos de literatura Miguel Angel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso, Mario Monteforte, Manuel José Arce, buscaron asilo por el delito de escribir.

Un país tiene exilados cuando la intolerancia del poder obliga a ello. El exilio tiene como causa ser considerado como “delincuente político”, o bien, establecer temor fundado para estar en su patria (principalmente por razón política). Guatemala tiene la bendición de estar cerca de México y Costa Rica, ambos países con gran tradición de protección a perseguidos, pero también los Estados Unidos se caracteriza por ello, a la fecha, tiene la mayor cantidad de compatriotas protegidos bajo tal figura.

El gobierno de Jimmy Morales y de Jafeth Cabrera fue tan significativo que retornó al país a etapas superadas en donde el exilio por razones políticas se convirtió de nuevo en realidad, es bueno tener presente el proceso en Estados Unidos en cual consta cómo el dueño de la UCN negociaba con un cartel de narcos el asesinato de Thelma Aldana, en aquel momento precandidata presidencial, y dos fiscales más, Juan Francisco Sandoval y Oscar Schaad sobre todo cuando a la fecha en el país no se ha movido un dedo en torno al retorno de la violencia política, además es un aspecto sobresaliente constatar como la UCN es parte fundamental de la bancada oficial junto con el partido Valor, Viva y PAN y sus diputados están en estrecha colaboración con quienes mandan.

Estúpidamente se concibe al exilio como un tema de filias y fobias. Un país no puede llamarse democrático y menos republicano, si existen ciudadanos, no digamos fiscales, jueces o Magistrados protegidos en otros países para preservar su vida o su libertad, basta ver la destrucción de la justicia constitucional al perseguir en lo penal a magistrados por los fallos emitidos para saber que acá la institucionalidad es cada vez más caricatura.

Normalizar el exilio es normalizar la intolerancia, es legitimar la opresión y reconocer la arbitrariedad como política de gobierno. Ser una nueva víctima es solo es cuestión de tiempo. La historia lo demuestra, el abuso no tiene ideología.