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El feminismo, bajo tensión
Autora chiapaneca recuerda a teórica feminista nacional en discusión teórica.
Marisa Ruiz Trejo es antropóloga chiapaneca con vasta vida académica: doctora por la Universidad de Madrid, con estancias académicas en Francia, Estados Unidos, Argentina, etc. Coordina posgrados en instituciones chiapanecas de altos estudios. Para su nuevo libro, Antropólogas y pensadoras críticas desde el sur: de las iniciadoras a las feministas insurgentes y desde los bordes, buscó ilustrar una entrevista de la feminista guatemalteca Walda Elena Barrios-Klée Ruiz (1951-2021). Tuvo la sorpresa de encontrar gran cantidad de sitios de internet dedicados a la desaparecida socióloga.
Es conveniente recordar a las académicas activistas serias a favor de los derechos de las mujeres.
Desde Wikipedia, medios electrónicos como Plaza Pública, FGER, así como sitios académicos como Lasa, agrupación de encuentro de estudiosos latino y norteamericanos, Dialnet, Chiapas paralelo, Revista de la Universidad de San Carlos, además de notas en diarios, se da cuenta de la huella dejada por la académica nacional. De niña, acompañó a sus padres al exilio en México después de la intervención de EUA a mitad del siglo pasado. A su vuelta, se formó como maestra de educación primaria y fue directora de la escuela patrocinada por la embajada francesa. Se graduó de abogada y estudió una maestría en Sociología en Ecuador, también un doctorado en España. Es autora de varios libros dedicados a mujeres rurales, asuntos teóricos sobre feminismo y temas de antropología social. Durante el enfrentamiento armado, obtuvo refugio en México y trabajó en la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach). Formó generaciones de mujeres actuantes en muchos ambientes. Con la paz, regresó al país con su familia. Se desempeñó como académica en la Usac y en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso); además, fue candidata a la Vicepresidencia. En el pasado hubo varias expresiones para el denominado feminismo. Barrios-Klée las expuso en un escrito señero. Ahora, nos hubiera ilustrado sobre las nuevas posiciones para el progreso social de las mujeres. Por desgracia, gran parte de la multiplicidad de nuevos enfoques está influenciada por la ideología woke. Hay un feminismo tradicional, basado en conseguir igualdad de oportunidades en el trabajo y la representación política y cultural. A veces, se esconde por muchos comunicadores, al insistir en la violencia contra las mujeres. Obvio, se tiene que erradicar; pero deja de lado evidentes discriminaciones en asuntos económicos y de organización del trabajo. Además, este enfoque busca dotar de dignidad a cualquier preferencia sexual.
Aparte, ha surgido el neofeminismo acompañado de pequeñas luchas para cancelar a políticos determinados. No expresa una reivindicación mundial, pues, algunas veces, prefieren la solidaridad con sociedades donde las mujeres tienen papeles no aceptables en la modernidad. Tales como la obligación de marchar detrás del hombre, usar velo o, más radicalmente, ser sujetas a matrimonios pactados por padres y prácticas como la ablación del clítoris. También existe la posición de luchar por palabras; en efecto, se debe repetir “mujeres y hombres” en lugar de utilizar “las personas” o “el grupo”, etc. Lo más deleznable es la condena de la presunción de inocencia para los hombres cuando una mujer los acusa. La posición más extremista consiste en negar los sexos como condición biológica para ser un asunto convencional, y llegan a demandar el derecho de menores de edad para decidir tratamientos de reasignación sexual. Por todo ello, el trabajo Marisa Ruiz es una contribución para orientar a las nuevas generaciones, donde se dejen de lado delirios patrocinados, muchas veces, para reventar las justas demandas de las mujeres.