A contraluz
El festival de las letras
Filgua es una ventana al maravilloso mundo de la imaginación y las ideas.
Por esas casualidades de la vida, un señor dejó recomendada en mi casa una caja de cartón allá por los años 60 del siglo pasado. Como nunca la llegó a recoger, un día decidí abrirla para saber qué contenía. De ella salieron libros y libros, como El Mío Cid, Hombrecitos y Los viajes de Gulliver.
Vale la pena no perder el hábito de la lectura que permitió al ser humano desarrollar su sistema cognitivo.
A falta de televisión —debía pagar un centavo en la vecindad para ver caricaturas—, mi universo lo poblaron las criaturas más extrañas que salían de la imaginación de Jonathan Swift. En especial, los Houyhnhnm, los cultos caballos que debían soportar a los yahoo, seres humanos codiciosos y salvajes que se peleaban entre sí por unas piedras que brillaban, pero no servían para nada. A mis 10 años, ¿qué iba a saber yo que, lejos de ser literatura infantil, esa novela satirizaba a la sociedad inglesa de principios del siglo XVIII?
En aquellos tiempos, los libros no eran tan accesibles como ahora, cuando hay abundancia de literatura, principalmente en la web, o cuando se organizan fiestas literarias, como la Feria Internacional del Libro (Filgua 2026). Tal acontecimiento atrae miles de nuevos lectores, pero las redes sociales tienden a atrapar a millones más que se convierten en analfabetos funcionales digitales. Saben teclear y usar la interfaz, pero tienen graves carencias para comprender textos complejos o redactar con coherencia.
Las nuevas generaciones quizá conozcan la palabra yahoo, pero en referencia a un portal web. Se han perdido los fantásticos viajes de Gulliver a tierras ignotas a bordo de los navíos Antílope o Aventura. La imagen ha sustituido a la lectura. Bien dice Sartori (2002): vivimos en un mundo donde el homo videns ha destronado al Homo sapiens. Primero la televisión y luego internet han determinado un cambio de hábitos culturales que han corroído el camino a los libros.
Es paradójico porque en cualquier ambiente la gente interactúa en sus dispositivos electrónicos. O sea, hay más acceso a la escritura, pero leen y producen un texto fugaz. Se convierten en cibernáufragos, porque navegan sin rumbo y consumen contenido efímero. Viven al día con el contenido visual, sin memoria histórica ni capacidad de proyectar ideas a futuro.
Son los prosumidores de bacterias que ven y reproducen residuos digitales. Es la abundancia de esa cultura kitsch que inunda la supercarretera de la comunicación. No hay necesidad de pensar, porque después de un video vendrá un gif o una foto trucada.
Sartori señala que la percepción de la imagen comienza a sustituir el pensamiento abstracto. Se empobrece la producción de ideas, se atrofian el intelecto y la capacidad de entender y conocer del ser humano y su mundo. Estamos frente a una nueva generación deformada por y para la televisión, los videojuegos e internet.
No se trata de rechazar el avance tecnológico, porque la web es una maravilla en términos del acceso al arte y la cultura, pero desafortunadamente es lo que menos buscan las nuevas generaciones. Se requiere volver la mirada al libro, a ese amigo que hemos olvidado y que nos seduce para hacer volar nuestra imaginación.
Esa es la importancia de Filgua: una ventana al universo mágico de las letras. Vale la pena que no perdamos ese hábito de la lectura, que la Humanidad aprendió hace unos seis mil años y que permitió el desarrollo de su sistema cognitivo.
Si ustedes, estimados lectores, tienen niños, es el momento oportuno de introducirlos al fantástico mundo de los libros que abrirán su mente, ampliarán su vocabulario y los dotará de una redacción y ortografía excelentes. La feria es como un bosque de libros en el que sus hijos viajarán por los árboles en alas de pájaros y mariposas.