Con nombre propio

El guion

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

En 2015 elegimos un actor, bueno o malo, no importa, en fin un actor, como presidente de la República. Sus cuatro años acaban la próxima semana y su logro más importante contra muchos pronósticos es terminar su período; pero si estudiamos un poco, Jimmy Morales se limitó a hacer lo que sabía hacer: seguir un guion.

Domingo a domingo, el actor vestido de soldado, árabe, “indito”, Drácula, “negrito”, griego o lo que fuera, repetía el guion. Ahora con la banda presidencial hizo lo mismo y sanseacabó.

En el primer año vimos a un Jimmy Morales recoger “la exigencia de la Plaza”. Lo escuchamos comprometerse con una reforma electoral que afianzara procesos democráticos y desterrar los financiamientos irregulares e incluso hasta con agrado escuchaba propuestas sobre el referéndum revocatorio. El presidente cumplió con enviar la iniciativa de ley de reforma al Congreso, incumplió al boicotear el proceso legislativo (luego fue costumbre).

También escuchamos un presidente en la misma mesa con Mario Taracena y Rafael Rojas Cetina, presidentes del Congreso y de la Corte Suprema, jurar su compromiso para una reforma constitucional al sector justicia. Lo vimos a la par de Thelma Aldana y el comisionado Velásquez, proponiendo cambios y haciendo ver sus dudas frente a diputados, magistrados y equipo técnico. Vimos a un presidente que señalaba que aunque fuera lo único que hiciera empujaría una reforma integral al sistema de justicia y así aseguraría una verdadera república, porque “ni por asomo podía seguir lo que está”.

En su segundo año de gobierno, y con el concurso del partido Creo, empezó el proceso de torpedeo a la modificación constitucional y el guion empezó a virar, luego, derivado de los trinquetes de su familia, como la propuesta de reforma constitucional era avalada por el MP y la Cicig, lo tomó personal y en un congreso donde abundan las narcovinculaciones y las camarillas para la impunidad, quien escribía el guion pasó otro texto que sonara a golosina y el actor se acomodó.

La justicia como derecho, la carrera judicial como concepto básico, la estabilidad del juez y magistrado como garantía, el equilibrio, profesionalización y respeto a la especialidad de quienes imparten justicia como objetivo, la eficiencia administrativa en la labor judicial como innovación y por fin, como se ha venido insistiendo desde hace más de 25 años, retirar de los aspectos financieros y de gerencia a los magistrados de la Suprema, fueron temas que poco importaron a un presidente que retiró el apoyo a su principal propuesta y los resultados están a la vista: estamos en 2020 sin elegir magistrados. Alguien le cambió el guion y repitió.

El guion nos legó un presidente que llega a sus cuatro años con una institucionalidad mucho más precaria, con el apoyo irrestricto de la UCN que ha fungido como bancada bisagra y cuyo dueño se sentaba a almorzar con el actor y en simultáneo planeaba el asesinato de Thelma Aldana, fiscales del Ministerio Público, traer dólares en lancha y producir cocaína.

Que Jimmy Morales haya seguido un guion no extraña, es lo que toda la vida ha hecho, pero que un exrector de la Universidad de San Carlos como Jafeth Cabrera no haya mostrado el menor resquicio de dignidad en torno a lo que en estos años ocurrió sí preocupa, porque es cómplice del desastre. Además, pasará a la historia rodeado de quepis y charreteras, en un retroceso sin precedentes en todos los campos. Lo que sí fue injusto con el vicegobernante es que los kaibiles no le hayan nombrado también socio honorario, hace rato que la toga con ribetes amarillos le quedó enorme y a leguas se ven sus méritos para la boina y el camuflaje.