Escenario de vida
El nuevo impuesto IVA-Paz que no vaya solo en cemento
Recursos públicos que pertenecen a la población deberían traducirse en bienestar a la comuna.
El Ministerio de Finanzas Públicas informó recientemente que ya fueron trasladados a las municipalidades del país los aportes correspondientes al IVA-Paz, el impuesto de circulación de vehículos, distribución de petróleo y otros recursos establecidos en la ley. Los fondos fueron acreditados a través del Crédito Hipotecario Nacional y Banrural.
El verdadero desarrollo no se mide por la cantidad de cemento inaugurado, sino por la calidad de vida de la gente.
Estamos hablando de miles o millones de quetzales que llegan cada año a las comunas del país. Recursos públicos que pertenecen a la población y que deberían traducirse en desarrollo real, bienestar y mejores condiciones de vida para las comunidades. Sin embargo, muchas veces surge la gran pregunta: ¿en qué se invierte realmente ese dinero?
Pongamos un ejemplo con Santa Catarina Pinula. Recibe Q4,070,117.73 que es el 10% que el Estado le entrega según la Constitución. Debe invertirse principalmente en obras y servicios públicos. Los Q318,676.28 que provienen del nuevo impuesto IVA-Paz y deben ser distribuidos para inversión local y desarrollo comunitario. Q116,396.04 son fondos que debieran apoyar el mantenimiento vial, señalización y ordenamiento de tránsito y calles. Los Q8,872.803.08 son el total consolidado recibido. Y así, hay un desglose para cada municipio de lo que les entra por ese nuevo impuesto.
El problema no es únicamente cuánto reciben las municipalidades, sino cómo administran esos recursos. En demasiados casos, la prioridad termina siendo únicamente la “obra gris”: banquetas, monumentos, fachadas o proyectos visibles que sirven para tomarse fotografías y hacer campaña política. Mientras tanto, problemas fundamentales siguen abandonados.
Cuando un vecino escucha que su municipalidad recibió varios miles o millones de quetzales, muchas veces no comprende exactamente qué representan esas cifras. Pero sí comprende perfectamente cuando sus calles colapsan, cuando sigue sin agua potable, cuando no existen drenajes adecuados y las lluvias torrenciales inundan colonias enteras, cuando la basura continúa acumulándose sin un manejo apropiado o cuando el tránsito sigue siendo un caos diario. Allí es donde la población empieza legítimamente a preguntarse dónde están reflejados esos recursos.
Las municipalidades no pueden destinar estos fondos únicamente a salarios, gastos administrativos o proyectos cosméticos, sino a agua potable, drenajes, manejo de desechos sólidos, recuperación ambiental, seguridad vial, prevención de riesgos y proyectos sociales sostenibles.
También es importante recordar que muchas comunas administran territorios con enorme riqueza natural y turística, pero pocas invierten seriamente en protegerla. Lo vemos seguido con lugares paradisíacos que el turista busca, pero en vez de eso, encontramos un gran basurero clandestino a la par. ¡Horror! La contaminación de ríos, la pérdida de áreas verdes y la falta de planificación urbana terminan generando más pobreza, enfermedades y deterioro social. Invertir en ambiente es proteger la salud y el futuro de las comunidades.
Precisamente por las cantidades extras de dinero que ahora están recibiendo las municipalidades mediante el IVA-Paz, más que nunca la ciudadanía debe mantenerse ojo al Cristo, supervisando y fiscalizando la ejecución de esos recursos. Los vecinos tienen derecho a saber cuánto recibe su municipio, cómo se gasta cada quetzal y cuáles son los resultados reales para la población. Pídanles a sus alcaldes un reporte de ello.
Porque el verdadero desarrollo no se mide por la cantidad de cemento inaugurado, sino por la calidad de vida de la gente. Escríbeme para contarme si todo funciona en tu municipio.