Fuera de la caja

El poder de la metáfora en la comunicación

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Quienes trabajamos en comunicación hemos escuchado en los últimos años cuánto se habla del concepto de Storytelling, el arte de contar historias para cautivar al público. Esto se logra si conseguimos conectarlo con la trama y que se identifique con alguno de los personajes, cuando llegamos a conocer a profundidad sus sentimientos, escarbando hasta llegar a aquellas capas que no son visibles en la superficie.

Pecaré de osadía, ya que para ejemplificar lo que para mí significa un gran contador de historias me referiré nada más y nada menos que a uno de los más grandes referentes de la literatura universal: Albert Camus, novelista, dramaturgo y ensayista francés, nacido en Orán, Argelia, en 1912. Su padre había huido de Alsacia tras la anexión de esa región con Alemania. A pesar de haber quedado huérfano de padre a muy corta edad, de haber crecido en uno de los barrios más pobres de Argelia y de vivir en carne propia el conflicto natural de definir una identidad entre dos culturas muy distintas, Camus descubrió la pasión por la Literatura y la Filosofía muy joven. Aunque él declarara lo contrario y se alejara de las etiquetas es un gran referente del existencialismo. Si alguien tiene dudas acerca del significado de esa corriente filosófica, el paso por las páginas de El Extranjero le asegurará sin apenas darse cuenta experimentar el devenir de la existencia. Esta introducción me lleva al tema que me ocupa, considerar a Camus el mejor ejemplo de un gran contador de historias.

En la coyuntura actual, en estos momentos sin parangón que nos tocó vivir, en los que tanto se opina acerca de la pandemia, de las causas y su origen —incluyendo varias teorías de conspiración—, del papel que han tomado los jefes de Estado, las autoridades de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cuerpo médico y la gente común y corriente, llegó a mis manos el ejemplar de La Peste, de Camus, cuya lectura había postergado. Escrita en 1947, ambientada en Argelia e inspirada en la epidemia de cólera que sufrió su población en 1849, la historia pareciera estar vigente. La narración hace una denuncia precisa de la situación que le ha tocado afrontar a una desprevenida sociedad en 2020: la falta de preparación de la gente y la soberbia de considerarse infalible. La continua improvisación y la implementación de la mentira como norma de parte de las autoridades.

En la novela de Camus, el gobierno presumía de un gran hospital que en realidad era un campo descubierto, con pocas camas e insumos médicos. Medidas implementadas, entre ellas un largo confinamiento, que no resultaron efectivas. La división entre los que tenían miedo de morir y los que no. A través de los protagonistas, Camus logra plasmar tres puntos de vista que parecieran definirnos ahora: el hombre religioso que busca la explicación en los vestigios de Dios; el conspiracionista, que pretende a toda costa encontrar el origen y no lo ubica más allá de la política; y el Médico, el que no pretende encontrar una razón, simplemente asume su papel en la historia con estoicismo y a través de la solidaridad brinda fe al pueblo y salva vidas.

Tremenda lección nos da Camus. Nos deja parados frente a un panorama, obligándonos a identificarnos con alguno de los personajes y a reflexionar sobre nuestro papel y compromiso histórico. Resulta claro que no todos tenemos las cualidades narrativas de Camus y es poco probable que lleguemos a ser reconocidos, como él, con un Premio Nobel. Pero a través del legado de las grandes figuras de la Literatura podemos entender que una narrativa poderosa es capaz de lograr cambios existenciales.