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El trabajo en casa llegó para quedarse

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

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A propósito del Día del Trabajo, si alguien hubiera dicho hace dos años que trabajaría desde su casa seguramente lo hubieran visto feo y de reojo, pero la pandemia del covid-19 vino también a revolucionar el mundo laboral. El trabajo inteligente, de hecho, con todas sus fortalezas y debilidades, se está extendiendo cada vez más, conduciendo así a un nuevo estilo que llegó para quedarse. La pandemia ha revelado que el trabajo remoto es positivo, tanto para los empleados como para los empresarios. Aunque está claro que no solo tiene lados positivos, sino que también puede crear varios problemas, todo esto, mientras se afinan y adecuan los sistemas.

En cualquier caso, esta práctica de trabajar desde casa aun cuando termine la pandemia seguirá siendo una nueva forma de laborar. Y es principalmente por este motivo que también podría conllevar a una reducción estructural en la demanda de espacios en oficinas, afectando seriamente el sector inmobiliario que ofrece estos servicios. De hecho, cada vez más empresas están pensando en cómo reorganizar el entorno laboral. Hay, por ejemplo, quienes están planeando reducir drásticamente los espacios de oficinas, dejarlas completamente a distancia o mixtas con menos personal.

Este nuevo modelo de trabajo llamado inteligente o smartworking es mucho más amplio que un proyecto de innovación tecnológica y laboral: significa cuestionar una serie de estereotipos relacionados con las horas, las herramientas técnicas y los lugares de trabajo, permitiendo una mezcla entre la satisfacción de las personas y su eficacia profesional. Las empresas más grandes y estructuradas del mundo adoptaron este método con el estallido de la pandemia, la mayoría cambiaron a formas de trabajo ágiles que permitían medir los resultados, que reflejaban datos más eficientes que un trabajo presencial.

Las perspectivas para el futuro siguen siendo extremadamente inciertas, pero el smartworking ha entrado ahora en la vida cotidiana de millones de personas y, con toda probabilidad, está destinado a permanecer allí. También es necesario repensar el trabajo a distancia para no desperdiciar la experiencia de estos meses y pasar a un verdadero trabajo inteligente, que debe brindar una mayor flexibilidad y autonomía en la elección del lugar y horario de trabajo, elementos fundamentales para impulsar una mayor rendición de cuentas sobre los resultados. La verdadera revolución es, por tanto, cultural. Ya que el estado de necesidad ha obligado a muchos gerentes escépticos a experimentar con patrones de trabajo flexible, y se han eliminado los temores de pérdida de productividad y las dificultades de control. Sin embargo, un nuevo modelo de gestión del trabajo conlleva no solo los beneficios, sino también importantes desafíos: desde la necesidad de preparar una plataforma tecnológica que garantice el rendimiento y la seguridad, incluso si los trabajadores se conectan a los sistemas de la empresa desde casa, hasta la de definir para cada uno la carga de trabajo adecuada todos los días.

El punto de partida es que el teletrabajo no es de ninguna manera una forma de trabajar menos; por el contrario, es más productivo en términos cuantitativos, conlleva mejor organización, actividad y concentración. Desde este punto de vista, el tiempo y el esfuerzo que se ahorra evitando el estrés y los atascos para ir y venir de la oficina es decisivo. Y también contribuye a tener más tiempo y más posibilidades para atender las tareas del hogar. La revolución del trabajo inteligente llegó para quedarse, es además una fuente de oportunidades laborales para las mujeres que desde su casa pueden atender también su trabajo, sin descuidar a sus hijos y su casa.