Registro akásico

Elecciones con mal de San Vito

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

En la televisión de 1978 apareció Francisco Villagrán Kramer (*1927 +2011), candidato vicepresidencial en las elecciones de ese año. Manifestó que la asunción del genocida general Romeo Lucas García era un hecho consumado. Era imposible una alteración sistemática, dijo. La única manera de solucionarlo consistía en sentarse con los representantes de los partidos con las actas levantadas por las mesas. Se examinaría una por una y donde haya desacuerdo se dejan pendientes. Al final, después de obtener un primer conteo, se analizará si las controversiales podrían alcanzar a modificar el resultado final, propuso.

Era una trampa doble. Por una parte, había un escrutinio de mesas con datos alterados pero comprados los responsables. De esa cuenta, el escrutinio era firme, pues las firmas estaban en orden. Como se sabe, basta con un 10% de mesas para decidir una elección. Por otra parte, las mesas donde los representantes no se habían dejado comprar, pero estaban alteradas, eran una minoría. En efecto, no hay muchas personas que resistan un cañonazo de varios miles, en esa época de quetzales a la par del dólar. En consecuencia, se había ganado con trampa.

Así, pues, se entronizó al genocida. La guerra revolucionaria convocaría a la juventud y a las masas empobrecidas del campo. Había una quiebra del régimen representativo basado en elecciones limpias. Se puede pensar lo que se quiera. Al final, son hechos ocurridos hace más de 40 años. Queda dicho esto y publicado, para que un historiador del futuro aclare la controversia con las pruebas documentales necesarias.

En 1980, Villagrán Kramer, al renunciar a la Vicepresidencia, dijo: La crisis que se ha generado y afecta al país es profunda. Las nuevas generaciones dan muestra de inconformidad y en el horizonte aparecen sus estandartes. Por aparte, la OEA dejó puesto como situación real de los derechos políticos, en el informe de país de 1981: … evidencia que los ciudadanos no creen en el proceso político ni tienen confianza en el sistema electoral y de las organizaciones políticas en su ejercicio.

Lo de la guerra fría es una falsedad. Algunos deforman los hechos, pues la Unión Soviética jamás ofreció un centavo para actividades revolucionarias. Cierto, daba apoyo para el funcionamiento de un partido cercano a sus posiciones, con viajes y dinero para su sostenimiento, parecido al soporte que actualmente gozan muchas oenegés. Cuba tampoco se entrometió, como lo hizo en otros países latinoamericanos donde envió agentes y combatientes. La realidad consistía en la existencia de un régimen de corrupción y privilegios que usaba el terrorismo de Estado para contener el ejercicio de los derechos políticos.

La Comisión Interamericana de Derechos humanos refirió que podía agruparse la violencia ejercida contra la población en i) ejecuciones extrajudiciales y asesinatos en la calle; ii) muertes masivas de campesinos e indígenas; y iii) los desaparecidos. Según la misma, estos hechos eran diarios. La violación masiva de los derechos humanos llevó al gobierno norteamericano a cortar la ayuda militar, aunque se aseguró de la existencia de un tercer país seguro para reemplazar los suministros castrenses. Muchos cambian fechas, actores militares y hechos violentos. Juzgan a los que no deben y dejan a los autores bajo protección de conocidos países. La propaganda, la cabeza de turco y otros recursos manidos sirven para confundir el justo deseo de justicia de muchos connacionales.

Todo viene al caso porque cuando se desprestigia el funcionamiento electoral, todo se echa a perder.