Godot ha llegado
Elecciones en la Usac
La importancia de la elección del rector de la Usac del próximo 8 de abril.
La Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) es la única universidad pública del país, pero su papel trasciende con creces el de una casa de estudios superiores. Históricamente, ha sido un actor clave en los procesos sociales y políticos de Guatemala. Esa participación ha sido, en muchos casos, necesaria y valiosa. La universidad no está llamada a competir en el terreno político, sino a elevarlo desde el conocimiento y la formación de ciudadanos críticos. Su presencia en instancias como la Corte de Constitucionalidad, la Junta Monetaria y las comisiones de postulación para la elección de autoridades clave del país le otorgan una incidencia directa en decisiones de alto impacto nacional. Este nivel de influencia exige que quienes la representan actúen con criterios de idoneidad, independencia y compromiso con el bien común, entendiendo que sus decisiones trascienden el ámbito universitario.
Lo que está en juego no es únicamente la conducción de la universidad.
En este contexto, la elección de rector prevista para el próximo 8 de abril adquiere una relevancia que supera lo institucional. El proceso contempla la participación de docentes, estudiantes y egresados; sin embargo, las irregularidades en la acreditación de los cuerpos electorales generan serias dudas sobre su legitimidad. De los 34 cuerpos colegiados, únicamente ocho han sido acreditados, mientras decenas de electores permanecen sin reconocimiento formal para ejercer su derecho al voto. Estas anomalías no pueden entenderse como fallas menores dentro de un proceso complejo. Son señales que erosionan la legitimidad desde su origen y que comprometen la validez de los resultados. Una autoridad electa bajo estas condiciones inicia su gestión con un déficit de confianza que difícilmente podrá subsanarse, debilitando no solo su liderazgo, sino también la credibilidad de la institución que representa.
Es natural que una institución de educación superior participe en el debate público. El riesgo surge cuando esa relación se transforma en una captura de la institucionalidad por intereses particulares, donde las decisiones dejan de responder a criterios académicos y sociales para alinearse con acuerdos de poder. En ese escenario, la universidad pierde su esencia como espacio de pensamiento crítico y se convierte en un actor más dentro de las dinámicas de negociación política.
El riesgo de exclusión —de sectores académicos, estudiantiles o profesionales— implica perder voces fundamentales para el pensamiento crítico y la diversidad que históricamente han dado sentido a la universidad. Una elección que no integra, que no escucha o que limita la participación, termina empobreciendo el proyecto universitario y reduciendo su capacidad de responder a los desafíos nacionales. Hasta ahora, pocas autoridades se han pronunciado frente a estas señales de exclusión y sus implicaciones. Ha sido desde la Vicepresidencia que ha surgido el llamado a respetar los procesos y las voces de los electores. Un llamado que, sin embargo, parece no encontrar eco suficiente dentro del propio aparato estatal, incluso entre quienes comparten formación san carlista. ¿Tendremos desde el despacho presidencial un discurso inconcluso o un llamado concreto?
En un momento como este, lo que está en juego no es únicamente la conducción de la universidad, sino la calidad de la democracia que se construye desde ella. La legitimidad permitirá construir a partir de procesos transparentes, inclusivos y apegados a la ley. Y en esa construcción, la Usac tiene una responsabilidad que el país no puede darse el lujo de perder. Es necesario por lo tanto acreditar a los electores y velar por que la academia pública siga teniendo un rol histórico. ¡Feliz domingo!