Catalejo

Es hora de buscar cómo calmar las aguas

El término vorágine es útil para calificar la actual situación del país a causa de la decisión de Jimmy Morales, dispuesto a cualquier costo a expulsar a la Cicig. En efecto, significa pasión desenfrenada o mezcla de sentimientos, aglomeración confusa de sucesos, gentes o cosas en movimiento, y remolino impetuoso de las aguas del mar, los ríos o los lagos. Al viernes pasado, ya 32 países e instituciones internacionales la deploran e incluso, de hecho, amenazan con tomar medidas por ser Guatemala un país incumplidor de sus compromisos. Es evidente la necesidad de sacar la pequeña canoa nacional de las fuerzas acuáticas, cercana a una catarata gigantesca y por ello imposible de medir para quienes por emociones luchan a favor o en contra de dicha entidad.

Están en juego el respeto a los compromisos internacionales, por un lado, y por el otro, el evidente y terrible riesgo de crear aun más divisiones a las ya existentes por motivos históricos, étnicos, ideológicos, y también ahora, lamentablemente, religiosos. Para evitar el desastre total a lo interno y recibir la calidad de paria internacional, la más elemental lógica llama a buscar soluciones ingeniosas, talvez sin precedentes, como lo fue también el llamado guatemalteco a la ONU cuando el gobierno y los ciudadanos aceptaron la necesidad de buscar apoyo foráneo, decisión malintencionadamente calificada hoy en día como un irrespeto a la soberanía nacional, cuya existencia no ha logrado nunca el beneficio de la mayoría de los guatemaltecos.

Hasta ahora la batalla político-jurídico-ideológica se ha centrado en la ilusión de cada parte porque sus razones sean aceptadas como las únicas verdaderas. Es maniqueísmo: equivale a pensar en términos de bueno o malo, blanco o negro, estar conmigo o contra mí. La realidad es distinta: esas condiciones no son absolutas. Se está a favor o en contra, pero de manera parcial. Se ve todo como grises. Los errores y aciertos entran también en esta categoría. Al aferrarse a la posición maniqueista, el único resultado es la división adicional o la exacerbación explosiva de las diferencias hasta hacerlas irreconciliables y así eliminar la posibilidad de negociar, cuya principal característica es la disposición a ceder en algo.

Otro factor fundamental lo constituye aceptar haberse equivocado, por actuar con apresuramiento y nula inteligencia o sagacidad, negando la evidente realidad de las consecuencias. Desde el viernes se conoció la reacción de la Unión Europea y en especial Alemania, países amigos preocupados por los acontecimientos derivados del anuncio presidencial. Vendrán otras, sin duda, y ello de hecho provocará el aislamiento del país, con el efecto de obligar a Morales a retroceder una vez más. Vía redes sociales, han sido repetidas declaraciones presidenciales en las cuales no solo apoyaba a la Cicig, sino al comisionado Velásquez, quien por su parte también debe hacer una declaración pública respecto a sus errores en el ejercicio del cargo, no solo de sus aciertos.

Se debe conocer el criterio de los jóvenes, 18 a 30 años, por ser el mayor grupo. Las batallas se han librado entre personas adultas de mayor edad. Se debe tratar de disuadir a Washington, porque cortar la ayuda significará aumento de migración desde el Istmo. A mi parecer, la confrontación tiene demasiadas aristas e implicaciones. No se puede olvidar la urgencia de cambiar al poder del Estado con más desprestigio: el Congreso, lleno de politiqueros, corruptos, incapaces y malintencionados. La victoria para el país solo se puede lograr con la expresión pública ciudadana, pero sin bloqueos de carreteras y robos en propiedades privadas. Parecen ser intencionales para dejar el statu quo de la corrupción.