Registro akásico

Está instalado el reino de las raposas

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

Los vasos comunicantes del ostracismo ciudadano son extensos. Remanentes de los regímenes autoritarios, taponan las arterias con el colesterol de la corrupción, la incapacidad y la defraudación a la hacienda nacional. Se construyeron con paciencia y no han dejado de ser útiles a los intereses dominantes. La queja generalizada se permite porque no individualiza. El sistema represor medra en las oficinas gubernamentales.

Lentitud burocrática dicen. Se trata de una verdadera camisa de fuerza para someter a la ciudadanía. Es la coalición de los agazapados, escondidos y simuladores. Nada pasa más desapercibido que lo puesto a la vista. Cubículos con vidrios a las mitades, oficinas con mostrador algunas veces con una ruedita en el cristal, otras veces con una altura donde solo permite la vista de la cabeza. En fin, el medio para los represores se establece en el sistema organizativo del Estado.

Max Weber (*1864 +1920) fue un idealista, pensaba que la burocracia encarnaba el profesionalismo. Llegó al colmo de considerarlo un espíritu: el ethos burocrático. Por aparte, José Ingenieros (*1877 +1925) expresó: la burocracia es una convergencia de voracidades en acecho. No hay contradicción, se trata de espíritus intermedios, según Martínez de Pasqually (*1727 +1774). No se sabe la dirección de la reacción. Puede tirar para arriba, la sublimación, pero también para abajo, al infierno. La mayoría de las veces conducen a los espíritus libres, al abismo de los caminos hacia ninguna parte. Es el proceso escrito por Franz Kafka (*1883 +1924).

En el debate electoral español de este año, Irene Montero, de Podemos, lo denunció. La represión y el espionaje lo realizan los paga favores, los compinches, están en las cloacas del gobierno, dijo. Son unos policías, pero no todos; unos diputados, mas no se puede generalizar; en fin, unos cuantos auditores; lo preocupante consiste en la amplitud, desde lo más alto a lo más bajo. Algunas veces resultan candidatos, los llevan, los elevan. En México se utiliza una frase: la cargada. Se encumbran a bandidos y colamachucadas. Se busca servilismo, aunque sigan con sus malas artes.

La virtud de la Cicig fue descubrir en los más altos cargos a esos personajes manchados de sangre y excremento. El arrestado buscaba coimas, arruinaba proyectos de desarrollo nacional, equipamiento de su institución militar; lo peor: dirigió las patrullas militares del genocidio. La prensa, radio y televisión, desmemoriadas. Hubo decisión de terminar con la impunidad. Se dice que guardan tesoros, de la misma manera que los piratas en el Caribe. La metáfora es completa. Se llama a los escondrijos, caletas. Esas pequeñas entradas de mar, donde los corsarios bajaban para enterrar el cofre lleno de riquezas robadas. ¿Cómo han llegado a esos puestos? Candidatos a la presidencia, a diputados, a alcaldes.

Hasta en instituciones educativas. La razón: todos se hacen de la vista gorda y tergiversan un sistema basado en la represión cotidiana. No permiten carteles, allí donde se afirma la libertad de la palabra. Esos pequeños personajes se creen intocables. Hasta llegar al asesinato del profesional molesto. No quiso mover el vehículo, o hablaba mucho en instancias académicas. Se trata de la seguridad para proteger contra abusos, pero entre sus integrantes hay abusivos.

Son los inspiradores del decreto número 3-2019 del Congreso, cuyo artículo 8 establece la obligación de presentar el proyecto de reforma a la Ley Orgánica de la Usac. Aquí no es hecha la Ley, hecha la trampa. Aquí, primero está la trampa y después la Ley.