Catalejo

Estado de sitio posibilita el fin de esta grave crisis

El firme anuncio del estado de sitio, bien empleado, puede acabar con el terror de los mareros-terroristas.

Por primera vez en su gobierno, Bernardo Arévalo actuó con celeridad casi inmediata y firmeza ante una crisis nacional cuando anoche decretó el estado de sitio en todo el país por treinta días como respuesta a la unidad asesina de las dos principales maras guatemaltecas. Ante el fracaso de sus exigencias, decidieron cobardemente sembrar el terror entre los agentes, otras fuerzas de seguridad y la población en general para además demostrar su fuerza ante el éxito de la acción coordinada del nuevo ministro de Gobernación, Marco Antonio Villeda. Ocho de ellos fueron asesinados y diez quedaron heridos. Fue satisfactoria la cantidad de mensajes espontáneos vía redes sociales ante estos asesinatos y abominable el silencio, en realidad cómplice, de políticos y diputados.


La ciudadanía tiene clara la gravedad de la crisis y sus expresiones, creo, ayudaron a tomar la decisión. La firmeza del mensaje es aplaudida pero será vigilada por la opinión pública. El Estado tiene entre sus tareas el uso legítimo de la fuerza pública. Por eso, quienes salen a pedir la renuncia, de hecho contribuyen a ahondar la crisis, por fanatismo ideológico y son cómplices. Ahora falta explicar en términos simples a los ciudadanos el significado y el alcance de esta medida de emergencia, es decir qué incluye y qué no puede ni debe hacer. La desinformación vía redes sociales anónimas necesita ser controlada al exigir la identificación exacta de quienes decidan utilizar el derecho constitucional de emisión del pensamiento, cuya suspensión tendría efecto contraproducente.


Los sangrientos ataques coordinados a tres centros carcelarios donde están presos cabecillas mareros no deja dudas de ser el resultado de la unión de las peores maras del país porque han tenido éxito las medidas tomadas por el nuevo ministro de Gobernación, Marco Antonio Villeda. Pero además demuestran la decisión de causar terror en la ciudadanía y comprueban la urgencia de acciones inmediatas para el uso legítimo del poder de las autoridades para ejercer la violencia legal, y especialmente en el caso de Bernardo Arévalo. En las pocas horas pasadas desde esa fracasada intentona, se han multiplicado las voces ciudadanas a través de las redes sociales, muchas de ellas ahora debidamente identificadas por quienes las han hecho circular vía redes sociales.

Esta crisis, con astucia, puede tener efectos positivos.


Oficialmente se supo ya de la dolorosa y trágica muerte de ocho agentes, hombres y mujeres. Guatemala está dividida entre quienes están del lado de la ley y se encargan de aplicarla y quienes asolan al país, exigen retorno de privilegios y están relacionados familiarmente con políticos reincidentes ahora en un silencio ensordecedor. Por aparte, quienes exigen la renuncia presidencial y con ello el afianzamiento del caos demuestran un fanatismo ideológico inaceptable. La orden del cierre de las escuelas en todo el país sin duda protege a los alumnos, pero por otro lado, la sugerencia a la población, vía redes sociales anónimas, de “no salir de sus casas a menos que sea absolutamente necesario” contribuye a afianzar el peor de los efectos: el pánico ciudadano.


Comienza muy mal entonces el tercer año de gobierno de Bernardo Arévalo, pero aún puede recuperarse si cumple con la promesa de anoche. Un aspecto importante es suspender los derechos de criminales, luego protegidos por acciones legalistas y malintencionadas. Esto debilita aún más al gobierno por el cansancio de la población víctima de los narcoterroristas, como los define acertadamente la nueva ley al respecto. Ante la necesidad de cárceles inexpugnables, conviene reducir el tiempo de su construcción con un diálogo con Bukele, alejando diferencias ideológicas, porque la justificada crítica al vecino no se debe a qué hizo, sino cómo. Por último, no se puede caer en la amnesia presidencial manifestada otras veces. Esta crisis, con astucia, puede tener efectos positivos.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.