Si me permite

Ética, el elemento que nos debería distinguir

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“La ética no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir la vida mejor”. Fernando Savater

Es sorprendente la cantidad de discursos y tratados que podemos obtener sobre la ética; por lógica, cada uno tiene cierta postura muy particular y la difunde, esperando poder persuadir a sus lectores. El origen de la palabra es del griego “ethos”, que significa “costumbre”.

La ética no es cosa de sentimientos como algunos pudieran pensar, por el hecho de que depende de la apreciación del entendimiento. Por lo mismo, los que lo rodean a uno se dan cuenta de cuáles son los patrones éticos morales que tenemos por el modo como actuamos y procedemos con los demás y aun con nosotros mismos.

Por lo anterior es fundamental aceptar que los comportamientos éticos que tenemos (sea en la vida social o bien de trabajo) no se razonan y mucho menos se deben justificar. Esto es porque hay normas y patrones establecidos y cada uno vive su vida. Por lo mismo, los demás escogen el acercarse para convivir o bien alejarse, por las normas que mi comportamiento ético refleja cuando observan los detalles de mi conducta interpersonal, como, por ejemplo, mi modo de saludar, dando la mano, o un abrazo.

Es de admirar con cuánta facilidad las modalidades éticas que cada uno tenemos determinadas por los intereses que se han trazado, otros nos copian esperando lograr lo que nosotros hemos alcanzado, por la observancia de la etiqueta de la ética que ha marcado nuestro desempeño.

Claro está que hay parámetros éticos que la sociedad ha marcado conforme los perfiles que cada cultura tiene, los cuales no solo son aceptados, sino que se espera que los que habrán de convivir en sociedad los observen sin ningún cuestionamiento, como cuando tiene que asistir a una boda o un sepelio, hay una etiqueta predeterminada. Evidentemente, cuando alguien es considerado para alguna ocupación y se pide referencias, el criterio ético está implícito. Muchas veces el simple concepto de qué se le recomienda o no, con eso ya se ha dicho todo.

Por un criterio de la formación de las personas, es mejor cuando antes una persona está expuesta a las normas éticas y es instruida en ellas, ya que será mucho más llevadera la vida. Y lo fundamental es que sea en el hogar donde uno está creciendo y formado por sus mayores, los cuales no solo son observadores de uno, sino colaboradores para que uno tenga la formación apropiada para que cuando deje el hogar y se tenga que integrar a la sociedad, sea primero como estudiante o bien para trabajar fuera de la casa, lleve consigo la ética que le permitirá la aceptación social tan necesaria.

Claro está que en una reunión familiar esto no queda excluido, sino es más que evidente, por el simple comentario de los mayores por dar el permiso necesario de a quiénes habrá de invitar para un cumpleaños que está planificando o el compañero que vendrá a estudiar con uno, y si además podrá pasar la noche en la casa.

Con un claro análisis hemos expuesto la formación ética que damos a los nuestros cuando están en casa con nosotros y bajo nuestra responsabilidad. Es un recurso invaluable que lo habrá de distinguir en la vida, no importando dónde estará y qué estará haciendo, y qué circunstancias habrá de enfrentar. Por ello es algo que no podemos ni descuidar y mucho menos dejar para después.