A contraluz

Futuro hipotecado por la desnutrición

Haroldo Shetemul @hshetemul

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La desnutrición infantil es una tragedia que agobia a millones de niños guatemaltecos y compromete gravemente el futuro del país. Alejandro Giammattei, al igual que los mandatarios anteriores, prometió impulsar una campaña contundente para combatir la malnutrición. Cuando se han cumplido dos años de su administración, vemos que todo se trató de demagogia barata porque tampoco este mandatario le ha prestado la atención que merece la mitad de los niños menores de cinco años con desnutrición. Ha habido un marcado desinterés y desviación de las prioridades de las políticas públicas de proporcionar seguridad alimentaria y nutricional. Todo lo contrario, el clientelismo y la corrupción tienen preeminencia en el gobierno de Giammattei.

Los datos oficiales evidencian el fracaso del actual gobierno en el combate de la malnutrición. La Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan) reconoció un incremento del 100 por ciento de muertes por desnutrición en el 2021. Según los datos oficiales, del 1 de enero al 21 de agosto del 2021 hubo 26 muertes de niños menores de 5 años por desnutrición, lo cual contrastó con los 13 fallecimientos por la misma causa en el 2020. De esos decesos, 12 ocurrieron en Alta Verapaz y el resto en Jutiapa, Huehuetenango, Suchitepéquez, Baja Verapaz, Guatemala, Escuintla y Quiché, lo cual muestra un cuadro crítico porque la desnutrición está extendida en el país.

El expresidente Jimmy Morales prometió que iba a reducir la desnutrición crónica en un 10 por ciento en el período 2016-2020. Giammattei dijo en su toma de posesión: “No me voy a detener hasta detener la desnutrición de nuestros niños”. La realidad es otra. Un informe del Programa Mundial de Alimentos y Oxfam señalan que en el período 2016-2019 la desnutrición crónica aumentó 6.9 por ciento en siete municipios del Corredor Seco, que se extiende por Quiché, Baja Verapaz, El Progreso, Guatemala, Zacapa, Chiquimula, Jalapa y Jutiapa. La fuente oficial señaló que los casos de desnutrición aguda aumentaron un 16 por ciento en el 2021, con relación al año anterior. La tasa de infantes con desnutrición aguda subió de 79.1 casos por cada 10 mil niños en el 2020 a 92.1 casos por cada 10 mil niños, en el 2021, de acuerdo con la Sesan.

La desnutrición es la prueba más clara de la desigualdad socioeconómica que existe en el país. Los sectores pudientes celebran el crecimiento económico del 7.5 por ciento el año pasado, lo cual es positivo para el país. El problema es que ese logro no se refleja en una mejora de vida para la mayoría de guatemaltecos, especialmente quienes viven en el Corredor Seco y las regiones indígenas. A lo más que han llegado los gobiernos es al clientelismo de entregar bolsas con víveres, que no erradica las causas de fondo, como lo es la pobreza extrema por falta de servicios de salud, educación y ausencia de fuentes de empleo, entre otros factores.

La malnutrición es un problema estructural y refleja la enorme brecha entre opulencia y miseria. Pero más allá de los números dramáticos está la realidad de un país que nunca podrá despegar económicamente si la mayoría de la población tiene hipotecado su futuro. Según Unicef, la desnutrición es una condena a muerte porque el futuro de los niños que padecen desnutrición estará marcado por la falta de oportunidades. El círculo vicioso persistirá porque una madre desnutrida tendrá hijos desnutridos que afrontarán problemas en su desarrollo. Esos niños podrían perder hasta el 40 por ciento de sus neuronas y lo único que podrán ofrecer cuando sean adultos es mano de obra no calificada. Unicef afirma que Guatemala pierde más de US$3 mil millones cada año debido a la desnutrición. Entonces, mientras no se resuelva esta crítica situación, Guatemala estará condenada al subdesarrollo.