Aleph

Guatemala no da tregua

Carolina Escobar

Vivimos el pico más alto de la pandemia y el presidente anuncia el regreso a la “nueva normalidad”, bajo el supuesto de que solo hay dos caminos: “o les da o se salvan”. ¿Cuál es la estrategia epidemiológica que respalda esa decisión? En otro sentido, el programa estrella del presidente (Seguro Médico Escolar) es comparado ya con el proyecto “Agua Mágica” de Roxana Baldetti, debido a la serie de demoras y procesos anómalos que lo han definido, incluso la presencia en él de una persona acusada de lavado de dinero. Eso, más la bajísima ejecución de los préstamos millonarios obtenidos durante el estado de Calamidad (¿dónde está el dinero que ha hipotecado el futuro de las tres próximas generaciones?) y las compras directas por licitaciones desiertas, sin la necesaria rendición de cuentas, envían ya mensajes alarmantes de saqueo, corrupción e impunidad.

Por otra parte, en el Congreso se ha articulado, de la mano del Pacto de Corruptos, para dar un golpe de Estado que lo primero que busca es quebrar el orden constitucional e impedir unas elecciones transparentes de magistrados a las cortes, al tiempo que intentan quitar de su camino a funcionarios que no les permiten concretar sus fines, como el procurador de Derechos Humanos, Jordán Rodas, o Juan Francisco Sandoval, de la Feci. Por su parte, en la CSJ han comenzado las complicidades para unificar a sus operadores del pacto de corrupción y apoyar los ataques a jueces y funcionarios independientes y transparentes como la honorable jueza Érika Aifán, quien lleva casos de alto impacto contra personas con demasiado poder, como Gustavo Alejos.

La población sigue muriendo sin que el sistema sanitario haya remontado, aunque sea mínimamente, la brecha de 40 años de rezago (BID). Sumemos a esto la mora judicial ocasionada por la parálisis inicial de la administración de justicia y la evidente falta de independencia judicial, más los ataques a defensores de los derechos humanos y los territorios, así como las deportaciones constantes de migrantes desde el norte, que llegan a una Guatemala vulnerada y empobrecida. Las cifras oficiales ya dan cuenta de una mayor desnutrición y se habla también de una seguridad alimentaria amenazada. Ante todo esto, la población está asustada, cansada, guardada, enferma o distraída, sin el suficiente poder legal, real y formal para cambiar las cosas.

Llueve sobre mojado en una Guatemala que no da tregua. Está, además, la amenaza sobre Petén, adonde el Estado jamás ha llegado. El arqueólogo Richard Hansen, desde Fares, su ONG, trata de hacer de El Mirador una especie de parque temático en la Reserva de la Biosfera Maya (RBM), un patrimonio arqueológico, forestal y biocultural del país y la humanidad. Así paga quien ha visto las puertas del país abrirse para él durante décadas. Francisco Estrada-Belli, otro arqueólogo estudioso de la cultura maya y profesor en EE. UU., denuncia una serie de engaños de Hansen, en una carta enviada por su ONG al presidente de Guatemala. Carta en la cual el mismo Hansen niega estar promoviendo una ley ante el Senado estadounidense sin el aval del gobierno guatemalteco. En su cuenta de FB, Estrada-Belli desmonta las mentiras de tal carta (https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10102822019522098&id=4713987)

Doce comunidades forestales tienen bajo su cuidado el 20% de la RBM, área que hoy reporta la deforestación más baja de la reserva, en contraste con el resto, que tiene las tasas más altas de América, gracias a sectores como la ganadería y el narcotráfico, entre otros. Las comunidades forestales forman parte de un modelo mundialmente reconocido, del cual viven cientos de familias, y permite la explotación sostenible y armoniosa de los recursos, a la vez que demanda protegerlos y preservarlos. Pero en un país sin Estado siempre habrá quien busque el beneficio de pocos, para montar una Miradorlandia que deslumbre y empobrezca más a muchos. Aquí la única ley es la de “sálvese quien pueda”.