Punto de encuentro

Hasta siempre, presidente Tabaré

Marielos Monzón @MarielosMonzon

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“Si alguna vez sintiera que la política o el poder me aleja de la gente, dejaría la política. Y si tuviera que sintetizar el centro de un gobierno progresista diría que sencillamente es el cambio. El cambio en la sensibilidad social. El cambio en la austeridad y la transparencia del Estado. El cambio de gobernar junto con la gente”.

Estas palabras fueron parte de uno de los discursos que Tabaré Vázquez pronunció durante la campaña que lo llevó a la presidencia en marzo de 2004, cuando de la mano del Frente Amplio (FA) -la coalición que integra a las fuerzas políticas progresistas y de la izquierda uruguaya- rompió la hegemonía de los gobiernos conservadores y dio paso, como él decía, al “Uruguay de la gente”.

Este domingo 6 de diciembre, cuando se hizo público su fallecimiento, las redes se llenaron de fotografías y videos de Tabaré, el médico y oncólogo que supo “convertir sueños en realidades” y condujo la transformación del Uruguay.

Tabaré Vázquez nació y creció en el barrio obrero de Montevideo, La Teja. En una ocasión contó cómo, junto a sus padres y hermanos, colocaba piedras enormes para que el viento no se llevara las láminas del techo de su casa. Trabajó como mesero, carpintero y administrativo para costearse los estudios de Medicina y se convirtió en uno de los oncólogos más importantes de América Latina. Siendo presidente siguió dando consulta a pacientes con cáncer y durante sus dos mandatos (2005-2010/2015-2020) donó íntegramente su salario, primero al Plan de Emergencia, y luego a los programas de atención a poblaciones vulnerables. Las políticas sociales que redujeron dramáticamente la pobreza y el desempleo caracterizaron su gestión. El Plan Ceibal -una computadora para todas las niñas y niños de las escuelas públicas- y el Plan Ibirapitá -una tablet para las y los adultos mayores-; la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud y un crecimiento sostenido de la economía con énfasis en los derechos de las y los trabajadores, son algunos de sus grandes logros. También su cruzada antitabaco que lo enfrentó a la trasnacional Philip Morris, a la que le ganó un juicio multimillonario contra el Estado uruguayo, y el haber sido el primer presidente que ordenó entrar a los cuarteles militares a buscar a los desaparecidos de la dictadura, le convirtieron en un referente internacional.

“Tabaré no es solo del Frente. Es del pueblo uruguayo. Es de la Teja, es de los postergados (…) Un hasta siempre Tabaré o, mejor, Tabaré por siempre”, expresó un conmovido Pepe Mujica cuando los periodistas le preguntaron qué significaba su partida. Estas sentidas palabras dibujan bien al presidente, al político, al médico, al frenteamplista Tabaré. Y es que la explosión de la gente no se dio solo en las redes. Miles de uruguayos y uruguayas salieron a las calles para despedir con flores, banderas y aplausos al “compañero” Tabaré.

La vida me permitió compartir ese momento con este pueblo hermano que supo construir y sabe mantener esa herramienta política unitaria que es el Frente Amplio, del que tantas lecciones podríamos aprender otros pueblos y otras izquierdas latinoamericanas. Porque vaya si no eriza la piel y conmueve hasta el tuétano que la gente salga a las calles espontáneamente para rendir homenaje y aplaudir a un político-presidente que con sus luces y sombras -como tenemos todos- cumplió con poner el gobierno al servicio de la gente y no lo usó para servirse de él. Un carismático dirigente que entendió que no se trata de liderazgos individuales -que sí que son importantes- sino de esfuerzos colectivos y unitarios para transformar la realidad. Sirva esta columna como un sencillo homenaje para quien también demostró que construir otro mundo es posible. ¡Hasta siempre, presidente Tabaré!