Al grano

Hay que conquistar la ciudadanía

Eduardo Mayora Alvarado emayora@mayora-mayora.com

¿Qué significa ser ciudadano? Creo que no son muchos los guatemaltecos que se formulan esta pregunta, y menos todavía los que, conscientes del significado de ser ciudadano, se consideran titulares de esa condición. Esto ocurre, me parece, porque en un momento de la historia de Guatemala —o quizás a lo largo de un período de su historia— las élites entendieron que era más importante conseguir el desarrollo económico, que llegar ser ciudadano.

No comprendieron esas élites, creo yo, que no puede haber desarrollo económico entre personas que carezcan de la condición de ciudadanos; por lo menos, un desarrollo económico entre personas que carezcan de esa condición, nunca será el máximo posible.

Esto se debe, me parece, a que la ciudadanía, en lo que a su sustancia se refiere, conlleva “ser libre”. Es decir, gozar de las libertades fundamentales, cívicas, políticas e individuales. No puede pensarse en un ciudadano que no tenga libertad de ir y venir como le plazca, para fijar su domicilio en donde le parezca, para elegir su profesión u oficio, para ejercer el comercio o la industria, para expresar su pensamiento o, en definitiva, para actuar según su voluntad bajo leyes iguales para todos. En efecto, ser ciudadano conlleva la noción de tener, cada uno, iguales derechos que todos los demás. Iguales, en cuanto personas, en cuanto ciudadanos. Por tanto, esa combinación de libertades y de igualdad ante la ley —entendida como normas generales y abstractas— es el núcleo de la ciudadanía.

Pero, como acuñó Thomas Jefferson, “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”. Tanto la libertad como la igualdad ante la Ley están constantemente en peligro. Sea por la acción de quienes se sitúan al margen de las leyes, sea por la acción de los propios poderes públicos, muchas veces coludidos con grupos de interés privado, las condiciones sine qua non de la ciudadanía están en peligro.

¿Cómo se conquistan y se conservan esas condiciones esenciales de la ciudadanía? La humanidad no ha encontrado otra forma más que por medio de las instituciones que conforman el “estado de Derecho”, el ideal del “imperio del derecho”; lo que en el mundo de habla inglesa se llamó: the rule of law.
Hoy en día esas instituciones, en las naciones en que más han echado raíces, son un abanico que se abre ante los ojos de los ciudadanos, protegiendo sus libertades y su igualdad ante la ley. Pero de todas esas instituciones, la del “juez preestablecido e independiente”, que aplica con imparcialidad la Ley, es la más importante.

Efectivamente, con la ley de su lado, el más sencillo y modesto de los ciudadanos, amparado por un juez independiente, tiene más poder que la corporación más poderosa, que el funcionario público de más jerarquía, que cualquier otra fuerza o fenómeno que pueda existir en la sociedad.

Cuando los jueces gozan de las condiciones de independencia necesarias para proteger las libertades del ciudadano y su igualdad ante la ley, la ciudadanía florece; cuando no, se marchita o muere. Creo que, bajo la Constitución vigente, no se ha alcanzado en un grado suficiente esa independencia judicial, garante de la ciudadanía. Pero nunca como ahora había estado a punto de perderse o de afectarse tan gravemente. En cambio, los guatemaltecos deben luchar por conquistar y mantener su condición de ciudadanos, y eso depende de que haya jueces y magistrados verdaderamente independientes para hacer valer sus libertades y garantizar su igualdad ante la ley.