Escenario de vida
Hormuz, Irán y ONU: ¿Y una mujer al mando del mundo?
Muchas veces, la cortina se abre sin tener a los actores listos.
Hoy en día, la mujer cobra mucho más protagonismo, quizás porque las ideas machistas han quedado obsoletas o se perciben como desgastadas. Es por eso que la inminente sucesión en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas no es un simple relevo administrativo; ocurre en un momento en que el mundo parece tensarse al límite, con conflictos abiertos y latentes que podrían escalar peligrosamente, como una eventual confrontación con Irán o el cierre del estratégico estrecho de Hormuz. En este contexto, el perfil del próximo líder —o lideresa— adquiere una dimensión histórica y urgente.
El conflicto con Irán refuerza la urgencia de elegir a la persona idónea.
El actual secretario general, António Guterres, ha demostrado en múltiples oportunidades que el cargo no es decorativo, sino profundamente político, pero con tinte humano. Su papel ha sido el de un mediador persistente, capaz de abrir espacios de diálogo incluso cuando las posiciones parecen irreconciliables. Aunque la ONU carece de poder coercitivo sobre las grandes potencias, su capacidad de influir y sostener canales de comunicación ha sido clave para evitar escaladas mayores en conflictos como Ucrania u Oriente Medio. No impone la paz, pero la busca desde la diplomacia silenciosa y la legitimidad moral. Me pregunto si en nuestros tiempos sigue siendo algo válido cuando se ha venido demostrando que los líderes de potencias mundiales parecieran hacer lo que se les viene en gana y no escuchan realmente los sabios consejos de sus asesores. Muchas veces, la cortina se abre sin tener a los actores listos.
El Secretario General existe para ser el rostro de la diplomacia multilateral, el guardián de la Carta de la ONU y un mediador imparcial en tiempos de crisis. La organización ha impulsado operaciones de paz y acuerdos humanitarios que han salvado millones de vidas, aunque también enfrenta límites frente a intereses geopolíticos, especialmente en el Consejo de Seguridad. Por ello, una persona fuerte al mando de la ONU, que sepa enfrentarse con líderes que hacen caso omiso en la búsqueda de la paz.
Hoy la discusión no solo gira en torno a capacidades, sino a una deuda histórica: la ausencia de una mujer al frente del organismo. Destacan dos figuras latinoamericanas: Michelle Bachelet, de Chile, y Rebeca Grynspan, de Costa Rica.
El conflicto con Irán, que ya se percibe en el alza de los combustibles a nivel mundial, refuerza la urgencia de elegir a la persona idónea. Bachelet representa la experiencia política al más alto nivel. Expresidenta y ex Alta Comisionada de Derechos Humanos, ha demostrado carácter y liderazgo en contextos complejos, con autoridad para dialogar de tú a tú con líderes mundiales.
Grynspan, en cambio, aporta un perfil técnico sólido, enfocado en desarrollo y cooperación internacional. Su trayectoria al frente de la Unctad la posiciona como experta en los desafíos de los países en desarrollo. Su estilo privilegia el consenso, una cualidad clave en escenarios multilaterales.
¿Quién sería más idónea? En un mundo de alta tensión geopolítica, Bachelet podría tener ventaja, por su experiencia política directa. Pero si la prioridad es reconstruir equilibrios y fortalecer la cooperación global, Grynspan ofrece un enfoque igualmente valioso. Más allá de nombres, el mundo exige una figura que combine firmeza con principios, autoridad con empatía y liderazgo con vocación de servicio y valentía. La elección de 2027 podría marcar no solo un cambio de liderazgo, sino un cambio de era: la llegada de una mujer a este cargo no sería solo simbólica, sino un paso hacia una gobernanza más inclusiva y orientada a la paz duradera. ¿Por quién de las dos votaría usted? Escríbame y cuénteme sus razones.