Si me permite
Hoy disfrutamos los árboles que alguien plantó
Si cuidáramos los árboles hoy, seguramente nuestros hijos gozarán de la sombra mañana.
“Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”. Martin Luther King
Posiblemente en algún momento cuando estamos sentados bajo la sombra de un árbol para descansar, tal vez se nos cruza el pensamiento de gratitud a la persona que tuvo a bien plantar ese árbol que a tantos beneficia.
La auténtica compresión estará sujeta a procesos y capacidades no se dan por sentado.
Claro, alguien por intereses personales podrá, con la máxima facilidad, cortarlo en unos pocos minutos y poner fin a la vida y provecho que esa planta estaba dando.
Deberíamos, de una manera categórica, tener la iniciativa en nuestra vida de plantar por lo menos un árbol como evidencia de que valoramos el provecho que los árboles nos dan, antes de derribar el que ya está plantado y que da todos los beneficios que por su naturaleza tiene, y cada día comparte su naturaleza en provecho de todos los que están en su cercanía.
Cada uno de nosotros seguramente conoce a algunas personas que tienen una admirable determinación de plantar y cuidar algunos árboles, los cuales no son parte de su negocio y tampoco porque alguien se lo haya encargado.
Simplemente lo hacen porque les nace a ellas, y cada día están atentas a regarlos y velar por ellos hasta que crecen y lucen su majestuosidad en la modalidad frondosa que su especie tiene.
En mi niñez, recuerdo a un señor mayor que llegaba a la casa de mis padres, quienes, en el terreno que tenían en la casa, habían plantado varios árboles.
El comentario que recuerdo de él era que los árboles tienen sed, pero piden agua, y nosotros no siempre los escuchamos; por ello, debemos de atenderlos, para que estén alegres. Claro, después de su comentario, daba el inicio de atender todos los detalles y no solamente el darles agua. Cuando tomamos el tiempo de reflexionar, los árboles comparten nuestras vidas y, cuando están bien cuidados, nos traen no solo provecho, sino una satisfacción muy particular cuando crecen sanos.
Posiblemente, quienes vivimos en ciudades superpobladas no tenemos los suficientes árboles que necesitamos, porque en el momento que queremos aprovechar los espacios para algunos de nuestros proyectos, los primeros que son sacrificados son los árboles, y difícilmente estamos dispuestos a repensar en cómo hacer las cosas para que no tengamos que quitar el árbol que tanto bien nos hace.
Es fundamental en la crianza de nuestros niños, o en la educación que les damos a ellos para la formación futura de la vida que están iniciando, tomarse el debido tiempo en enseñarles lo valioso que son los árboles y cómo cuidarlos para que no se nos mueran.
Probablemente, es de mucho valor si podemos —y tenemos las facilidades necesarias— involucrarlos en un programa donde el mismo niño, con sus propias manos, plante un árbol y luego tenga la tarea de cuidarlo hasta que logre crecer sanamente. Esa vivencia tendrá un impacto único en el niño para el resto de su vida.
Seamos cada uno de nosotros, sin importar en qué parte de este planeta vivimos, de las personas que buscan el momento y el espacio donde se pueda añadir un árbol más en el entorno, y no de las que, por sus planes y comodidad personal, lo primero que buscan es despejar para construir el sueño de su vida, y si por ello se sacrifican algunos árboles, ni lo consideran y menos lo lamentan.