A contraluz

Inercia gubernamental en tiempo de coronavirus

Haroldo Shetemul @hshetemul

Lo que menos se esperaría en esta crisis es que haya un colapso de los hospitales del país. Estamos frente al crecimiento exponencial de casos de covid-19 y lo que corresponde sería una respuesta efectiva del sistema de salud. Sin embargo, esta semana hemos asistido al derrumbe de las expectativas alimentadas por el presidente Alejandro Giammattei de que el país podía hacer frente a la pandemia con éxito. La realidad es otra. Los hospitales del Parque de la Industria y Villa Nueva hacen agua y han llegado al límite de su capacidad, o quizá sea mejor decir al límite de la incapacidad del Ministerio de Salud. Esa misma cartera ha reconocido que de los Q640 millones que tiene para cubrir la pandemia, apenas ha ejecutado el 1%. Y encima quiere acallar a los médicos que han denunciado las graves carencias.

El 20 de marzo, el presidente Giammattei dijo en su cuenta de Twitter que el hospital temporal del Parque de la Industria iba a albergar a más de tres mil pacientes. Sí, dijo tres mil, y que iba a tener encamamiento suficiente. También alardeó de que iba a tener “el intensivo más grande y mejor equipado de Centroamérica”. Pero la propaganda oficial contrasta con los hechos. La directora de ese hospital, Dania Hernández, informó esta semana que con 104 pacientes hombres y 83 mujeres llegó a su capacidad máxima y solo puede recibir a otros ocho pacientes. La precariedad incluye al personal especializado porque 10 médicos por turnos deben hacerse cargo de los pacientes.

Una delegación de diputados constató en el Parque de la Industria que el área del intensivo no funciona, los médicos no han recibido su salario y tampoco tienen equipo mínimo de protección. Las denuncias incluyen que la comida es de mala calidad, se ha detectado carne con moho y papas podridas. El nosocomio de Villa Nueva también ya está al límite de su capacidad. Pese a estos apuros, no se observa que el Centro Médico Militar, que recibe al año más de Q116.9 millones de fondos del Estado, pueda atender a pacientes con covid-19. No se toca, porque es del Ejército.

De pronto también desaparece de los reflectores el presidente Giammattei y no hay quién administre la crisis. Hay fondos para enfrentarla, pero no se ejecutan. La cúpula del Ministerio de Salud no logra ponerse a la altura de las circunstancias y eso que ha tenido más de dos meses para hacerlo. Desde el principio se observó cómo en una comparecencia en el Congreso un viceministro apeló a la voluntad divina para que la covid-19 no afectara al país, hasta escuchar a otro culpar a los médicos por la problemática. “Los médicos están creando conflictos para lograr que no se desarrolle adecuadamente el funcionamiento en el hospital del parque”, espetó el viceministro German Scheel. Tampoco desde lo alto del Ejecutivo hay respuesta. ¿Qué hace la Comisión Presidencial de Centro de Gobierno, cuyo titular es Luis Miguel Martínez? Su responsabilidad teórica sería la implementación de sistemas de gestión para facilitar la toma de decisiones presidenciales en tiempo real. Suena bonito, pero no hace nada.

El tiempo avanza y la pandemia también. No hay certeza sobre el número real de contagios. Las cifras oficiales provienen de un control hecho a ciegas porque no se han masificado las pruebas, pese a que se cuenta con más de cien mil pruebas para diagnosticar el coronavirus: 70 mil provienen de la Unión Europea y otras 33 mil del BCIE y Fundesa. A la fecha el Ministerio de Salud se conforma con realizar 185 pruebas al día. Debido a la realidad ficticia de un avance mesurado del virus, crecen también las presiones para la reapertura completa de la actividad empresarial. El grave riesgo es que un día el monstruo de la covid-19 se muestre con brutalidad y la población indefensa se tope con las puertas cerradas del sistema de salud.