Punto de encuentro

Infodemia: epidemia de mala información

Marielos Monzón @MarielosMonzon

Dado el enorme impacto que en la vida de la gente tiene la covid-19 y los efectos que sobre la salud y la economía se están produciendo, es lógico que la atención general esté enfocada en esta emergencia sanitaria y que la información disponible sobre el nuevo coronavirus haya aumentado de manera exponencial.

Según señala la Organización Mundial de la Salud (OMS), la emergencia sanitaria global provocada por el brote de covid-19, y las distintas respuestas que han dado los gobiernos, están siendo acompañadas de una “infodemia” masiva, es decir, de “una cantidad excesiva de información ‒—en algunos casos correcta, en otros no‒— que dificulta que las personas encuentren fuentes confiables y orientación fidedigna cuando las necesitan”.

En un lapso de 30 días, según datos de la OMS, se subieron a la plataforma de YouTube, 361 millones de videos correspondientes con las categorías de búsqueda “covid-19” y “covid 19” y solamente en el mes de marzo se difundieron 550 millones de tuits que incluyeron términos como coronavirus, covid-19 o pandemia.

Uno de los mayores peligros de la “infodemia” consiste en que mucha de la información que está circulando contiene datos erróneos que pueden provocar que las personas sientan pánico o, por el contrario, trivialicen la enfermedad y, a partir de ahí, tomen decisiones equivocadas que impacten su salud, la de su familia y su comunidad. Hay mucha gente que está experimentando ansiedad y depresión, derivada de la saturación de información pero, sobre todo, de la propagación de rumores y de noticias falsas o engañosas que se difunden con un propósito deliberado.

Un artículo de la agencia de noticias Télam, de Argentina, define la infodemia como una “epidemia de mala información”, o bien “mala información que posibilita una epidemia vía datos falsos, errados o maliciosos que se propagan por redes sociales”. Es importante distinguir entre quienes difunden información errónea, creyéndola correcta, y quienes fabrican y difunden “fake news” con una clara intencionalidad política, señalan los expertos consultados en esa nota.

Aunque parezca insólito que esto ocurra en el medio de una pandemia, hay grupos y sectores a nivel local y global que están circulando información inexacta y falsa sobre aspectos como el origen del virus, su causa, el tratamiento y el mecanismo de propagación, con el fin de abonar a sus agendas e intereses políticos y económicos. Un claro ejemplo a escala mundial fue el uso que hizo el presidente de EE. UU., Donald Trump, del término peyorativo y estigmatizante “virus chino”, que provocó actos de violencia y discriminación contra ciudadanos asiáticos en varios países del mundo.

En una crisis sanitaria como la actual debería ser una ventaja para reducir los contagios, el que a nivel mundial haya un mayor número de personas con acceso a un teléfono móvil con conexión a Internet y a las redes sociales. Producir y obtener información oportuna sobre cómo detener la propagación del virus es un tema clave en el manejo de la pandemia. Sin embargo, resulta una desventaja cuando la desinformación aumenta a mayor ritmo que la generación de noticias y contenidos basados en evidencia, fuentes confiables, datos confirmados y transparentes.

El problema se agrava aún más cuando las autoridades nacionales esconden, tergiversan o maquillan la información, cuando algunos medios de comunicación no verifican ni controlan la calidad de los contenidos que publican y cuando la estrategia comunicacional de los asesores del gobierno está centrada en el marketing político, en elevar la popularidad presidencial y desprestigiar el periodismo independiente.