Registro akásico

Inician los remezones en la iberoesfera

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

En fechas recientes, la nueva derecha lanzó un manifiesto hacia la iberoesfera. La respuesta se elevó en La Paz, Bolivia, el 8 de noviembre. Entre los firmantes aparecen latinoamericanos tales como Alberto Fernández, presidente de Argentina, y los expresidentes Dilma Rousseff, Evo Morales, Rafael Correa y varios candidatos de izquierda. Los suscriptores europeos son Alexis Tsipras, de Grecia; Jean Luc Melenchon, de Francia; y Caterina Martins, de Portugal, entre otros. Por España se encontraba el muy cuestionado José Luis Rodríguez Zapatero, y Pablo Iglesias, sujeto a serias acusaciones constitutivas de delito en sus andanzas como vicepresidente.

La Declaración de La Paz llama a la defensa de la democracia. Inicia con un consabido lamento por los frágiles servicios de salud, condena al extractivismo y machaca la culpa de todo al neoliberalismo. Afirma como central al peligro político: la ultraderecha se expande, miente, persigue y promueve la desestabilización. Para detenerla se debe trabajar por la paz, los derechos humanos y la justicia social, advierte.

En efecto, la nueva derecha no deja de ganar apoyo popular. Miembros de la clase obrera, es decir trabajadores de la industria a punto de la quiebra en Europa, los apoyan por su llamado a un cambio en la orientación globalista del mercado. Las sociedades industrializadas acostumbradas a repartir la renta de sus productos exportados tienen una merma, ante la competencia de las nuevas fábricas en los países pobres. Por otra parte, los trabajadores por cuenta propia y los empleados cuya seguridad social se reduce aceleradamente, no encuentran en la izquierda de sus países a defensores de su nivel de vida. Por lo tanto, la izquierda socialdemócrata y antiguos comunistas están a la defensiva.

El problema con el izquierdismo latinoamericano al que se une el español es el agotamiento. No supera la mediocridad y la hipocresía de su dirigencia. Así, se desconocen temas como si fueran privativos de la Guerra Fría, especialmente el imperialismo.

No se trata de una referencia a EUA u otra potencia, sino a la existencia de un capital monopólico ingobernable por los polos de poder mundial. No es una potencia abstracta, sino un grupo de personas riquísimas, desarraigadas de cualquier lealtad y deseosas de manipular peligrosamente la política mientras crezcan sus ganancias.

En el mundo actual, la superburguesía controla compañías concentradas en la invención e innovación tecnológica; es propietaria de recursos estratégicos; se apropia de los mercados de alimentos; todo asegurado por manejar el capital financiero internacional. El abandono gradual del dólar como moneda mundial es su principal movimiento económico. Crece su facultad de escoger entre varios ejércitos cuando desea utilizar la fuerza, tanto justificada como intervención humanista, o por variadas excusas o medios encubiertos.

Sin embargo, los izquierdistas de la Paz ignoran olímpicamente la anulación de la soberanía nacional. A veces son cómplices de esa hegemonía, a través de promover un endeudamiento sin límites para sostener artificialmente el estilo de vida del despilfarro de las antiguas sociedades industrializadas. De esa cuenta, su manifiesto se dirige a los chairos, a los desubicados, a la fanaticada atrapada en viejas consignas. Son las redes de la manipulación quienes reciben ese alarde de lo políticamente correcto, para intoxicar y confundir la lucha de los trabajadores de la ciudad y el campo. Al fin, la indiferencia en la recepción de ambos manifiestos hace de la ignorancia una virtud.