La buena noticia

Jesús y las élites corruptas y asesinas

Víctor Manuel Ruano pvictorr@hotmail.com

Publicado el

En un país dividido por las élites, en la salvaguarda de sus intereses, la construcción de la unidad entre los pueblos que conviven en el mismo territorio es fundamental para un país diferente.

Esa confrontación la vimos durante el conflicto armado interno, en el único caso por genocidio que logró llegar a los tribunales de justicia por la masacre de ixiles donde Efraín Ríos Montt fue condenado, más recientemente en la expulsión de la Cicig y la persecución a Thelma Aldana orquestada por el gobierno de Jimmy Morales y el Pacto de Corruptos.

En estos hechos quedó evidenciada la confrontación entre guatemaltecos, atizada por la mayoría de medios de comunicación que sirven a las élites de este país y les interesa mantener un orden establecido carcomido por la corrupción y la impunidad.

Son pocos, pero buenos, los medios independientes, críticos del sistema dominante, que se ponen del lado de la ciudadanía y asumen las causas legítimas de la población.

Sería deseable que los medios de comunicación de la Iglesia Católica se cuestionaran para verificar de qué lado se ubican realmente. Es una pena que muchas veces se les sitúen del lado de las élites opresoras o cómplices de un orden establecido que es injusto, excluyente, impune y corrupto.

Debemos dejarnos instruir por las enseñanzas de Jesús y asumir su estilo, que en los evangelios de estos domingos queda definido por su actitud valiente frente a las elites de su época que ostentaban el poder en contra de los intereses del pueblo.

Jesús en el templo ejerce su misión de Maestro ante aquellos líderes que han decidido eliminarlo a como dé lugar. Entre el capítulo 21 y el 22, el evangelista Mateo presenta unas parábolas orientadas a interpelar a los dirigentes que cuestionan sus enseñanzas.

La primera se presentó el domingo pasado y trataba de un padre de familia que envía a sus hijos a trabajar a la viña, con el fin de mostrar que son los excluidos y marginados, como los publicanos y las prostitutas, con fama de pecadores, los que han acogido la propuesta de vida nueva que Dios está anunciando en aquella sociedad, primero, por medio de Juan el Bautista, y luego, por Jesús, a quien la multitud de empobrecidos sigue, porque no soportan más aquel orden de cosas tan injusto y violento.

La parábola de este domingo deja al descubierto las verdaderas intenciones de aquellas élites, capaces de llegar hasta el homicidio con tal de mantener un sistema religioso, social y político corrupto, alejado de los proyectos de Dios.

Son los responsables del abandono y miseria en que vive el pueblo al que “golpean”, “apedrean” y “matan”, y también lo son de la muerte de Jesús, cuya oferta de una sociedad fraterna, solidaria e igualitaria chocó con sus intereses espurios que defendían el sistema a capa y espada.

Jesús los cuestiona fuertemente. Con la parábola les hace un repaso de lo que ha sido su historia, pues cuando comenzaron eran unos humildes arrendatarios que no tenían dónde caer muertos; y ahora, frente a él, terminan como asesinos, movidos por intereses mezquinos y ambiciosos.

Como dirigentes no han sido capaces de cultivar la viña que se les confió, es decir, cuidar y promover al pueblo para una vida digna y plena. Se adueñaron del pueblo, son responsables del terrible sufrimiento en que vive la mayoría, y ahora deciden sobre la muerte de Jesús porque les arrebata su control sobre la gente sencilla a la que oprimen como los faraones en Egipto.

Quedarán deslegitimados para dirigir al nuevo pueblo, por asesinos, porque el nuevo pueblo ha pasado a manos de los discípulos de Jesús, que serán capaces de discernir cuando los jefes de las naciones los tiranizan y los grandes los oprimen.