Con otra mirada

Jueves de Corpus en La Antigua Guatemala

Se requieren miembros del Consejo Conservador de la Ciudad y funcionarios impolutos decididos a cumplir y hacer cumplir la ley.

En el trajín del diario quehacer y asuntos por atender, la semana pasada se me pasó que el jueves era Día de Corpus Christi; celebración religiosa que se oficia en las catedrales en tanto que en el resto de parroquias, los domingos sucesivos. Esa fiesta trae consigo en nuestro medio, una especie de feria en el atrio y plaza, con plena abundancia de frutos, chucherías, baratijas y el tradicional intercambio entre parejas y amigos, de figuras artesanales de micos y palomas…

Sin embargo, el obligado a detener ese deterioro es el Estado, vía el Consejo de Protección.

Por la tarde, al tomar conciencia de la importancia del día, dispuse asomarme a la plaza mayor de La Antigua Guatemala —LaAG—, no por otra cosa más que buscar un membrillo, fruto propio de la época, del que guardo el recuerdo gustativo de su amargura astringente y que, a mi pesar, no encontré. En ese husmear por todas las ventas, ¡zas! me topé con mi viejo compinche Evaristo, quien nomás al verme espetó su bienvenido: “¡Quiubo, compa!”, acompañado de un fuerte abrazo.

“¡No te vas a morir!”, dijo. “Durante las últimas semanas me he reunido con distintos grupos de excompañeros del cole y vecinos y, ante todo el desmadre que se trae la municipalidad con el cura Sáenz, de la finca La Chacra y su megaproyecto de crecimiento urbano al ingreso de la ciudad que, visto desde nuestra ignorancia no tiene pies ni cabeza… has salido al baile. Todos preguntan por qué no has dicho nada y lo más jodido, voltean a verme, como si vos y yo durmiéramos juntos. Así pues, aprovechando que te encuentro, soltá prenda y dame tu valiosa opinión para satisfacer a la mara”.

Pues la verdad, querido Evas, no tengo mucho que decir.

Como bien sabés, el pasado mes de mayo se cumplieron tres años de haberme retirado de los grupos de vecinos que creé y contribuí a formar en defensa de la ciudad y apoyo a las autoridades. Decisión que tomé cuando tuve claro que de mi parte era inútil seguir luchando, pues la demoledora actividad de los especuladores del valor y uso del suelo en LaAG, junto a autoridades veleidosas, hicieron ilusorio cualquier esfuerzo individual.

El intento por que los vecinos tuviéramos voz en la conducción de la ciudad, si bien utópico, tuvo sentido en mi calidad de Conservador de la Ciudad, cuando parcialmente tuve su apoyo en la toma de decisiones por el bienestar común. Pero, una vez algunos alcaldes consideraron a esos grupos enemigos imaginarios que insistían en la urgencia de un Plan de Ordenamiento Territorial, para garantizar la sobrevivencia de la histórica ciudad, como unidad urbana y arquitectónica conservada, y ellos la tomaron como una simple cantera de enriquecimiento ilimitado, el afán dejó de tener sustento.

A lo largo de los 48 años que dediqué a su defensa, aporté lo que sé y pude ofrecer. En cuenta, denuncias, propuestas y soluciones. El punto de quiebre empezó con la denuncia de dos asociaciones sobre el deterioro de LaAG, de My2010, presentado a las autoridades nacionales y Unesco. Hicimos notar que las características que permitieron que Unesco la inscribiera en la lista de patrimonio mundial, en 1979, habían desaparecido. Ante eso, sugerimos contar con una misión técnica de evaluación y se considerara pasarla a la lista del Patrimonio Mundial en Peligro… Nada de eso pasó. Hoy, 16 años más tarde, el deterioro denunciado es ineludible e irreversible.

Los vecinos tenemos voz, pero no hay autoridad que quiera escucharla.

Sin embargo, el obligado a detener ese deterioro es el Estado, vía el Consejo de Protección.

Se requieren miembros del Consejo Conservador de la Ciudad y funcionarios impolutos decididos a cumplir y hacer cumplir la ley, cuyo mandato es amplio, preciso y claro.

ESCRITO POR:

José María Magaña

Arquitecto -USAC- / Conservador de Arquitectura -ICCROM-. Residente restauración Catedral Metropolitana y segundo Conservador de La Antigua Guatemala. Cofundador de la figura legal del Centro Histórico de Guatemala.