A contraluz

La brasa de las gobernaciones

Las estructuras de poder en los departamentos están en poder de diputados y caciques que han saqueado los recursos del Estado.

Bien dicen que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Indudablemente fue positiva la decisión del presidente Bernardo Arévalo de permitir que cualquier ciudadano pudiera participar como candidato en la elección de los 22 gobernadores departamentales. Eso abría un nuevo capítulo para la democratización de la representación del mandatario en los departamentos y evitaría que el poder local continuara en manos de estructuras corrompidas. El problema es que se pecó de cierta ingenuidad al pensar que esas redes iban a permitir que el poder local y los millones de quetzales del situado constitucional se les fueran de las manos. La democratización llegó hasta la posibilidad de que cualquier persona pudiera presentar su candidatura, porque de ahí en adelante la selección quedaba en manos de los Consejos Departamentales de Desarrollo (Codedes), instancias que desde hace años están cooptadas por los partidos tradicionales, caciques y el crimen organizado.

El amaño de las ternas para gobernadores era previsible porque los gobernadores elegidos por Giammattei controlan los Codedes.

Los Codedes son presididos y coordinados por el gobernador departamental e integrados por los alcaldes municipales del departamento, funcionarios públicos locales y representantes de organizaciones civiles. ¿A qué intereses responde el gobernador? ¿Qué partidos políticos o comités cívicos representan los alcaldes municipales? ¿Quiénes están detrás de los representantes de las organizaciones civiles? Los actuales gobernadores fueron colocados a dedo por Alejandro Giammattei y por lo mismo responden a las estructuras montadas por ese expresidente. El ex partido oficial Vamos se alzó con 131 alcaldías, mientras que la UNE, Cabal, Valor, Todos y Nosotros se quedaron con 140, que representan el 80 por ciento de las municipalidades del país. Semilla está ausente del poder local porque solo logró una alcaldía, la de Palestina de los Altos, Quetzaltenango. Desde esta perspectiva se sabe quiénes controlan los Codedes.

Pero eso no es todo, muchas organizaciones de la sociedad civil departamentales no son independientes, sino que responden a los intereses de diputados y caciques locales, quienes las crearon, las financian y dirigen. Es lógico entender que si en juego están cinco mil millones de quetzales del situado constitucional iban a crear estructuras que estuvieran a su servicio. Por eso, cuando el presidente Arévalo abrió las puertas para que la ciudadanía participara en la elección de gobernadores, los Codedes se limitaron a recibir las propuestas, en el entendido de que ya tenían definidos quiénes integrarían las ternas. Solo de esa manera se puede entender cómo el líder maya k’iche’ Luis Pacheco, expresidente de los 48 cantones, quedara fuera de la selección, pese a contar con el respaldo de las organizaciones ancestrales de Totonicapán. En ese departamento, los Codedes están bajo control de la UNE, Cabal y del cacicazgo de los hermanos Édgar e Iván Arévalo, que pertenecieron al eferregismo y al Partido Patriota, y ahora están con Zury Ríos.

El presidente Arévalo ha recibido múltiples denuncias de las componendas que ha habido en la selección de las ternas para gobernadores en varios departamentos. Dice que devolverá las propuestas que considere que no son idóneas, pero nada asegura que el problema se solucione. Cabe la posibilidad de que los Codedes envíen de nuevo la misma terna o que puedan interponer amparos, lo cual implicaría que el proceso de selección se prolongue varios meses. Era difícil que la selección de estos funcionarios hubiera sido más transparente si las estructuras de poder local están podridas, por lo que se requería una estrategia dirigida a evitar que continúen con su poder omnímodo, algo que pasaba por la destitución de los actuales gobernadores, como mínimo. Bien se ve que desmontar las redes mafiosas que durante años han saqueado las arcas del Estado no va a ser tarea fácil.

ESCRITO POR:

Haroldo Shetemul

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Profesor universitario. Escritor. Periodista desde hace más de cuatro décadas.