Cable a tierra

La cimentación del “nuevo orden” subregional

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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Muchas veces escuché a economistas de distintas vertientes de pensamiento coincidir en que la posición geográfica de Centroamérica era uno de sus activos más estratégicos. Su proximidad a los Estados Unidos de Norteamérica y su posición entre dos de los grandes océanos que conectan Asia con Europa la hacen un enclave idóneo para el comercio internacional.
Quienes supieron comprender este hecho de la mejor manera, y aprovechar al máximo esta ventaja comparativa de la subregión fueron los empresarios de la economía del delito, que no solo se asentaron en el territorio para convertirlo en un enclave logístico y operativo para sus diversas ramas de actividad económica, sino decidieron poseer las tierras y penetrar toda la estructura institucional, de las sociedades locales y de sus sistemas políticos, tradicionalmente controlados por las oligarquías que han manejado estos países como su finca particular.

Estas, para mantener su riqueza, posición de poder e influencia, además de sus privilegios e impunidad, optaron por aliarse con esta nueva horda de empresariado, forjando esa alianza criminal que se ha denominado “PactoDeCorruptos”. Su acción logró frustrar los tímidos avances democráticos de las últimas tres décadas, y los intentos por hacer prevalecer los principios de un estado de Derecho.

Como resultado, estamos viendo, en tiempo real, cómo se forja un nuevo orden subregional en Centroamérica. El “orden del Hampa” se está configurando con trazos de situaciones históricas vividas previamente en la región, como son el autoritarismo, la emergencia de dictadores, la pérdida de garantías básicas para las personas y el retorno de la cuasi esclavitud económica; y rasgos más contemporáneos como las transformaciones en la matriz productiva con los “nuevos motores” de crecimiento económico: el tráfico protegido de drogas, de personas y armas; las remesas que generan los expulsados de los territorios; y la reconversión del uso del suelo y subsuelo para la actividad extractiva y/o la expansión de los monocultivos que todavía son competitivos a nivel global.

La economía del hampa requiere institucionalidad ad hoc; en eso trabajan actualmente: recrean un marco legal e institucional que legitima la comisión de delitos y que opera a favor de los perpetradores. Por eso, jueces honestos y apegados a la ley como la jueza Ericka Aifán y el juez Xitumul son agredidos por la propia institucionalidad de la Corte Suprema de Justicia, la primera en desnudar su clara pertenencia al poder del hampa. Y está visto que, si para lograrlo deben aliarse con sus otrora “enemigos ideológicos” —Rusia y China— para contrarrestar al que consideran su único actual enemigo capaz de enfrentarlos —Estados Unidos—, así lo harán. La apuesta es clara: Un Estados Unidos debilitado en su hegemonía global, cuya prioridad es enfrentar y frenar su eclosión interna, no pondrá toda su fuerza en evitar el avance de los Hampa-Estados en la región.

Estados Unidos deberá decidir si convive con esta nueva Centroamérica del Hampa o si todavía buscará revertir la situación, restableciendo un balance más favorable a sus intereses, como siempre ha hecho, hasta ahora. ¿Podrá todavía? El tiempo político local en Estados Unidos es su principal factor en contra, así como el profundo fraccionamiento ideológico interno. La élite económica local ya escogió: optó por señoreo compartido en el nuevo HampoEstado de Guatemala, a cambio de un tiempo más con sus privilegios, confiando en que siempre llegará el momento en que podrán retomar su hegemonía total en cada país y en la región, y seguir reinando, como lo han hecho durante los últimos 500 años.