Urbanismo y sociedad

La Ciudad de Guatemala, una debilidad

Alfonso Yurrita Cuesta alfonsoyurritacuesta@gmail.com

Inicio esta columna haciendo referencia a dos trabajos sobre la vida política de Guatemala desde el 54, con la invasión de la Liberación, Castillo Armas, la Frutera y Estados Unidos. Desde entonces se ha venido sufriendo una historia de violencia y desorden político, lo cual se explica en dos trabajos: A) Tiempos recios, de Mario Vargas Llosa, una narrativa con forma de novela sobre esa Guatemala del 54 que gira alrededor de Castillo Armas. B) La transición del régimen militar al civil en Guatemala, de Alfonso Yurrita Cuesta, nominado al Perry William Award de Excelencia 2012, como primer director del ESTNA.

Actualmente, el Congreso ratifica el estado de Sitio en 22 municipios, anulado por el presidente. Inmersos en la guerra contra el narcotráfico, se instala nuevamente la militarización, cuando estamos en una globalización que ha cambiado las formas de vida y las relaciones entre personas y países. En Guatemala, como en América Latina, se acabaron las guerras de las ideas y han empezado las guerras de los desbordes. Las fronteras terrestres, marítimas y aéreas son las debilidades más significativas, en que la seguridad del Estado son las amenazas que están sin control policíaco y sin desarrollo humano. El territorio de Guatemala es ahora zona de paso de ilegales que afecta no solo su seguridad, sino la de otros países. El país ha ido perdiendo el control y soberanía sobre su territorio, las amenazas provienen de las fronteras, en medio de una inseguridad producto de una nueva low intensity war.

La guerra urbana ha desplazado a la guerra rural, donde se ha desarrollado una segunda generación criminal de pandillas juveniles de carácter internacional, las llamadas “maras” del narcotráfico. Donde el Estado no ha cumplido con garantizar la vida, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral, por lo que la discusión debe dirigirse a definir las prioridades: la seguridad democrática (lo humano) y la seguridad nacional (el Estado).

Se ha fallado en los mecanismos y funcionamiento de sus fuerzas de seguridad y de inteligencia civil, así como en las políticas de desarrollo adecuadas. A pesar de que previo a los acuerdos de paz tenía un compromiso con otros países de Centroamérica, como el Acuerdo de Seguridad Democrática de Centroamérica, firmado en diciembre de 1995, que era un modelo de integración que establecía proteger al medio, erradicando la violencia, la corrupción, la impunidad, el terrorismo, el tráfico de drogas y armas. Cuando constitucionalmente el Estado estaba obligado a proveer la defensa y seguridad de la Nación, así como la conservación del orden público, y se creó la Cicig.

La poca efectividad policíaca es tal que cada día los pilotos de buses son objeto de robos, asaltos y extorsiones a manos de grupos de antisociales, quienes les dan muerte sin el menor remordimiento, si se oponen a las extorsiones. Tampoco existe una política internacional participativa más agresiva ni un desarrollo para no volver a militarizar al país con estados de Sitio. Hay que fortalecer los órganos de seguridad civil, un mal endémico, por la débil dirección del Ministerio de Gobernación y sus instituciones; con un empeoramiento de las relaciones diplomáticas, como con Suecia, al expulsar al embajador Kompass por ser defensor de la Cicig, lo que apunta al temor que tiene el presidente a que la ONU y la Fiscalía hayan pedido investigarlo.