A contraluz

La defensa de lo indefendible

Haroldo Shetemul @hshetemul

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La decisión de EE. UU. de incluir a Consuelo Porras y a su secretario general, Ángel Pineda, en la lista de personas corruptas y no democráticas debería ser un llamado de atención para efectuar un cambio de autoridades en la Fiscalía General. El calificativo no es poca cosa. Con anterioridad, la potencia del norte dijo que le había perdido la confianza, pero la jefa del Ministerio Público (MP) siguió en su labor de poner trabas a la investigación penal de casos de alto impacto. Hoy el mensaje ya no está en clave, es directo: Porras es un serio problema en las relaciones bilaterales, porque la lucha contra la corrupción es una prioridad en la agenda de Washington. Cualquier mandatario con mediana claridad entendería que debe cambiar el fusible que está quemado en el MP. Sin embargo, el presidente Alejandro Giammattei se va por la tangente al defender a Porras, lo que equivale a confirmar que él tiene las manos metidas en la fiscalía y la decisión norteamericana le cala en lo más hondo.

La fiscal Porras cavó su propia tumba política. No tenía por dónde perderse porque sus antecesoras, Claudia Paz y Paz y Thelma Aldana, habían trazado la ruta de un MP independiente y comprometido con la lucha contra la corrupción y la impunidad. Al contrario, decidió convertir esa institución en apéndice de los intereses, primero, del expresidente Jimmy Morales, y, luego, de Giammattei. Por eso se distanció de la Cicig y después emprendió la cacería contra Aldana, que llevó a la exfiscal al exilio. Todo eso lo pasó por alto EE. UU., que luego depositó su confianza en el fiscal Juan Francisco Sandoval y le hizo saber a Porras que este era intocable. Confiada en que tenía el apoyo del Pacto de Corruptos, Porras continuó su labor de zapa al destituir a Sandoval y detener investigaciones, entre otras, contra el presidente Giammattei y su círculo de poder. Hoy, por más que patalee, su imagen está por los suelos, tanto a nivel nacional como internacional.

Si algo hay que reconocerle al mandatario es que es leal con quien le es leal. Desde que Giammattei llegó a la Casa Presidencial, Porras se puso a sus órdenes, tan así que públicamente la definió como “su amiga” y ella en reciprocidad reprendió al exfiscal Sandoval por no tratar con cortesía al mandatario. Porras tiene reuniones permanentes de “rutina” con Giammattei. ¿Puede una fiscal general ser independiente si se reúne con quien era investigado por la Feci? Claro, Giammattei se metió hasta la cocina del MP, tan así que la decisión de destituir al fiscal Sandoval habría sido idea del mandatario. Giammattei nunca guardó las formas, ya que públicamente criticó el trabajo de Sandoval, aunque siempre le echaba flores a Porras. ¿Y no que el MP es uno e indivisible? Porras hizo todo lo posible para evitar las investigaciones contra el gobernante y este se lo agradece. Por eso, cuando el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, calificó de corrupta a Porras, le cayó como un balde de agua fría a Giammattei porque él es el artífice de que el MP esté ahora como está.

Pero no es solo Giammattei. Si ustedes, estimados lectores, ven a los actores políticos de este ensayo de país se darán cuenta de que la elite política y económica está aferrada a la continuación de Porras porque no les conviene un fiscal independiente. El Cacif, que vocifera casi por cualquier cosa, hoy guarda un hermético silencio. En abril pasado, la cúpula empresarial le rindió un homenaje a la fiscal, al igual que la Asociación Nacional de Municipalidades. La señora, muy contenta, recibió los premios sin entender que una fiscal independiente debería mantener equidistancia con quienes pueden ser sujetos de investigación penal. La rancia oligarquía y la narcocleptocracia tienen una fiscal general a la medida de sus necesidades, por eso no les importa que el MP esté hundido en el estercolero.