Miramundo

La democracia: el problema

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

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Llegamos a 200 años de independencia y vida republicana, cumplimos 35 años de vigencia constitucional y este año arribamos a 25 años de haberse firmado la paz. Es obligado saber cómo vamos con nuestra democracia porque solo con ella pueden coexistir las diversas formas de pensar.

Guatemala tardó más de la cuenta para entrar al siglo 19, las ideas liberales se plasmaron en lindos documentos, constituciones y leyes; sin embargo, la práctica demostró un poder abusivo. El siglo 20 es un excelente ejemplo de cómo la democracia vivió frustrada, 22 años de Estrada Cabrera, luego un rosario de cuartelazos y reacomodos “electorales” dirigidos desde el ejército para regalarnos un Jorge Ubico por 14 años. Entramos a la modernidad y al constitucionalismo social con la Revolución de Octubre, pero 10 años después la invasión llamada Liberación entronizó una dinámica en la cual se prohibió disentir. El exilio, la represión, la muerte y con Peralta Azurdia inició la práctica de detener y desaparecer. Estos métodos fueron prácticas institucionales de ejercicio del poder.

Desde los textos constitucionales de 1956 y 1965 se prohibió expresar teorías “comunistas” y acá para ser comunista basta tener un libro con pasta roja guardado en anaquel.

En 1984 se integró una Asamblea Constituyente con los partidos políticos de aquel momento, la Democracia Cristiana, como centro izquierda, la Unión del Centro Nacional, como centro derecha y el Movimiento de Liberación Nacional, como la fiel expresión de la derecha en el poder por 30 años constituyeron las principales bancadas, una de las ideas bases fue generar una real apertura democrática.

Nuestra Constitución, con todos sus defectos, intenta establecer un marco para el libre juego de ideas y este nuevo esquema genera el surgimiento de nuevos sectores de poder. Toda sociedad es dinámica y las diversas fuerzas se movilizan, desplazan y reacomodan. Esto permitió la vialidad del proceso de paz, porque todo cambia.

La Guatemala del 2021 tiene serias crisis y resistencias fuertes y groseras de sectores de poder tradicionales a la exigencia democrática de atender reclamos sociales porque el silencio les era cómodo, procuran mandar sin consecuencias, no son democráticos, fueron forjados desde el autoritarismo y eso añoran. Analizar el reconocimiento del derecho indígena, cuotas de mujeres en puestos de participación política, reconocimiento de derechos de la comunidad LBGTI+, la defensa del ambiente y el respeto a la forma de vida de los pueblos originarios son temas evadidos, no digamos referéndum revocatorio, nuevos distritos electorales, desmonopolizar la participación política, ley de aguas, ley de competencia (no esa caricatura que ahora empuja el Mineco), o por lo menos una salud y educación pública de calidad. Hasta a la Filgua la ven como amenaza.

La democracia requiere dos condiciones esenciales, la primera, el respeto al pluralismo político. En la reciente elección vimos un Tribunal Supremo Electoral de plumazo en plumazo impedir una elección plural, llegándose al extremo de una autoridad electoral con un presidente con doctorado falso. Es lógico suponer el cobro de favores cuando el silencio cómplice del MP es aplaudido por quienes mandan. La segunda condición es un Estado laico, solo así se garantiza la libertad y el libre juego de creencias, pero cada vez el populismo introduce a Dios como aval de sus posiciones, incluso cuando con mensajes bíblicos se vota junto a partidos de ideología narco.

Una democracia sin pluralismo político y sin Estado laico es imposible. Debemos rechazar ideologizar el crimen y abusar del poder con garantías de púlpito divino, porque para esta gente la democracia es el problema. Estaban contentos en el siglo 20 y ven una amenaza con los pírricos alcances logrados.