Cable a tierra

La desinformación también mata

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Publicado el

Uno de los aspectos más descuidados del manejo que se le ha dado a la pandemia en Guatemala es la falta de una asertiva, clara, consistente y sostenida acción de información y comunicación educativa dirigida a la población que le permita a las personas conocer y comprender de mejor manera la pandemia, medir mejor el nivel de riesgo al que cada persona y familia está expuesta frente al virus de la covid-19 y sus variantes; entender cómo protegerse individualmente para prevenir la enfermedad (mascarilla, higiene, distanciamiento físico, y vacunación); y también cómo, además del riesgo que existe de morir prematuramente (y por una enfermedad que ya es prevenible y/o atenuable, gracias a la vacunación) quienes sobreviven a las formas moderadas y graves de la enfermedad, siempre pueden enfrentar secuelas de corto, mediano y largo plazo, de las que cada día se sabe más.

Algunos aspectos que no han ayudado son los mensajes confusos y contradictorios que se han dado desde el gobierno a la población que, por un lado, estimulan a salir de casa y a consumir, y, por el otro, regañan a la gente y la responsabilizan por hacerlo; la falta de una acción explícita de diálogo dirigida desde el gobierno con actores institucionales e individuales que tienen influencia en la manera en que se modela el pensamiento y la conducta de las personas; la concepción de una estrategia uniforme de vacunación para todo el país, cuando Guatemala es muy heterogénea y desigual, y cuando la experiencia con el virus ha sido diferente en distintas regiones es una de los principales factores que hay que revisar; los retrasos y opacidades incurridas en la gestión y compra de vacuna, que mandan un mensaje de desconfianza a la población, también reduce las posibilidades de disipar los miedos y la desinformación que circula en las comunidades.

La prioridad en este momento es comprender las circunstancias y los factores subyacentes que están determinando este tipo de reacciones agresivas contra el personal de salud y de rechazo a la vacunación, como el que se reportó el día lunes en una comunidad de Fray Bartolomé de las Casas, Alta Verapaz. ¿Qué actores están incidiendo en estos hechos? ¿Qué experiencias negativas tienen las comunidades que sirven de antecedente para estas situaciones?

Necesitamos evitar que el personal de salud se vea expuesto a esos riesgos. Necesitamos respetar el derecho de cada persona a decidir si se vacuna o no, pero a la vez, ofrecer la mejor y más comprensible información para que esas decisiones no sean influenciadas, más bien, por la desinformación que pulula. Lo ocurrido en Fray debe ser manejado con mucha seriedad y darle la importancia que tiene. No banalizarlo, mucho menos caer en la estigmatización de la gente o a las comunidades. ¿Si gente con mejores condiciones de acceso a información, a conocimiento, y con circunstancias mucho menos adversas que las de muchos comunitarios, es capaz de asimilar desinformación, reproducirla y resistirse a una acción preventiva y protectora como son las vacunas, por qué no va a ocurrir en comunidades que rara vez tienen la opción de que sus múltiples problemas de salud atendidos?

Las circunstancias del país no están como para seguir prolongando la pandemia al ignorar los distintos elementos que requiere su manejo. El de la comunicación a nivel local es vital y no es ajeno a la comunicación, información, actitudes y posturas de los liderazgos nacionales frente a la vacunación. Las restricciones que ha enfrentado el MSPAS para impulsar campañas informativas a nivel local deben eliminarse y hacer de esta acción, un esfuerzo central de la estrategia de vacunación.