Catalejo
La destrucción mutua de las ideologías puras
Una ideología “químicamente pura” es la práctica de un veneno para la sociedad.
Una ideología consiste en un sistema de valores, ideas, actitudes y creencias compartido por un grupo determinado de personas, una de cuyas características son sus cambios o sus desarrollos conforme pasa el tiempo. La abarcan la política, religión, economía, arte, organización y prácticas sociales. Conforme pasa el tiempo estas características evolucionan y causan —para sorpresa de nadie— reacciones contradictorias y contrarias, entre quienes desean y luchan tanto por afianzar los cambios como por mantener los criterios tradicionales. Cuando esta confrontación es total, con la meta de la eliminación del contrario, por lo general las destruye mutuamente y junto con ellas a la sociedad donde se desarrollan. Estas situaciones constituyen una constante histórica.
Las ideologías, aplicadas y enfrentadas al cien por ciento causan el derrumbe de la sociedad por motivos internos, sobre todo.
La Historia provoca cambios en el pensamiento, los cuales eliminan condiciones preexistentes. Siempre marcan reacciones a favor o en contra, y avanzan conforme se afianza la nueva lógica. Ejemplo: la esclavitud, considerada normal durante miles de años, desapareció luego de luchas entre esclavizadores y esclavos, al rebelarse estos de su papel de creadores de riquezas para minorías despiadadas. Las ideologías están enfrentadas y la lucha por mantenerlas sin cambios ni avances llevan al indudable resultado de una destrucción o de ser sustituidas por pensamientos sobre la estupidez humana, característica única cuya gravedad ya tiene ejemplos de estudios serios, como el del alemán Bonhoeffer (1940s) y el italiano Cipolla (1922-2000).
En la actualidad las ideologías principales, el capitalismo y el socialismo, una de cuyas variantes es el comunismo, nacional socialismo, fascismo, aunque no son iguales nacieron a inicios del siglo pasado cuando la sangrienta revolución rusa acabó con la monarquía rusa. De ellas, las dos primeras se han mantenido y en la actualidad se han realizado estudios serios sobre las diferencias entre ambas y algunas de sus similitudes y de sus diferencias o alteraciones. Ya no son lo mismo a como eran al principio, pero no han desaparecido y los seres humanos han caído en el maniqueísmo, una vieja doctrina según la cual todo es bueno o malo y la ética se reduce a buscar esto último, porque es necesario, positivo y, por tanto, justificado para hacer retroceder a la Historia.
La realidad es distinta: el pensamiento crítico encuentra algunas ideas positivas, pero su aplicación en la vida debe buscar una equidistancia o límites. En ese sentido, limita la libertad para evitar convertirla en libertinaje, tomando en cuenta sus limitaciones tanto éticas como lógicas y de nuevas costumbres. Debido a la necesidad de la discusión, entendida como comparación de posiciones contrarias, la mencionada posición maniquea rompe la armonía o el acuerdo, incluyendo el de estar en desacuerdo y respetar las ideas ajenas, aunque no se compartan. Otro factor influyente es el temor a estar equivocado de uno de los dialogantes, a causa de una inseguridad difícil de aceptar y de comprender.
En países con escaso nivel de cultura, en general y política, como por desgracia ocurre en Guatemala, el atraso de la sociedad se debe a esta situación, negada o ignorada por muchos ciudadanos. En ese sentido, la autodefinición de ser “de izquierda” o “de derecha” no significa nada, al ser un vacío conceptual porque no hay capacidad de explicar las razones de esa posición. Si a eso se le agrega la mala intención de participar en politiquería, de refocilarse en el conflicto y la desgracia ajena, el país simplemente carece de un futuro positivo, basado en bien común y justicia, todo lo cual necesita el fundamento filosófico buscado por Platón hace casi tres mil años. En resumen, una ideología “químicamente pura” es la práctica de un veneno para la sociedad.