Si me permite

La disciplina gratifica, no solo el uniforme

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“En la guerra se le revelan a un pueblo sus debilidades, pero también sus virtudes”.Gustave Lebon
Cuando observamos un ejército en su traje de gala, sin lugar a duda esto es atractivo y engalana a los que están usándolo, pero debemos reconocer que lo exterior es simplemente su presentación y nos indica a qué grupo pertenecen, lo cual sí tiene valor, pero no lo es todo. Cuando funciona y desempeña la tarea que se le asigna para alguna misión, entonces refleja la formación y en ello se evidencia quién es y cómo es también.

Hay una realidad muy manifiesta, y es que la disciplina es una cuestión progresiva y nunca tendrá un final. Esta inicia con los elementos más rudimentarios y cuando se sabe cómo y cuándo progresar se torna autogratificante y las dificultades y los sinsabores pueden quedar en el olvido, porque lo que se ha logrado es mucho más que el costo que tiene el proceso de la disciplina.

Lamentablemente muchos ven en la disciplina una estructura, algo impuesto y que se les exige a los que forman parte. Eso en ninguna manera debe ser una realidad, porque si así fuera el resultado natural sería una rebeldía, y el producto final sería amargura.

Podemos observar que cuando uno se ha expuesto para que con disciplina lo formen, se hace parte de su persona y es lo más natural que ha logrado.

Cuando observamos al Ejército, al igual que aquellos que han permitido que se les incluya en un programa formativo de disciplina, se les ve alcanzar una dimensión de autodisciplina, la cual no busca y pide premios porque el premio es el producto de lo que se ha alcanzado. El premio en verdad no nos hace, sino simplemente nos reconoce. El Ejército es lo que es por la función que debe desempeñar, y cuando lo hace recibe ascensos y no simplemente reconocimientos.

Todo ciudadano que tiene la oportunidad de observar la tarea de los hombres y mujeres de uniforme que siempre son llamados cuando surge una emergencia y allí están haciendo lo que se les ha pedido con naturalidad, como que para ello fueron formados, una vez completada la tarea regresan para mayor entrenamiento. Esto simplemente refleja una virtud, que la disponibilidad de ellos es de mayor aprecio que lo que han hecho en un momento dado.

Debemos de alguna manera procesar en nuestro modo de ser el hecho tan real de que si cada uno de nosotros estamos dispuestos para llenar una necesidad más por la disponibilidad que por la capacidad adquirida estaríamos constantemente entrenándonos a aprender y saber cómo hacer las cosas, no importando el hecho de que si nos gusta o no, porque en un momento dado eso que podemos hacer puede ayudar a alguien.

Esta realidad solamente la podemos lograr en el marco de la disciplina y la determinación. Para lograrlo debemos permitir que aquellos que anteriormente han estado en esta capacidad nos formen y encaminen, para que mañana, cuando nos corresponda a nosotros, podamos también entrenar a otros.

La disciplina y formación militar nos enseña que los que están en las filas son el resultado del logro acumulado en la historia y no simplemente en la capacidad de repetición, sino en la superación y actualización de lo que en el pasado han hecho otros.

Nosotros no somos el último capítulo de la historia, entonces sigamos adelante, dejando un legado, como lo hace el Ejército, el cual dará brillo a lo que nos rodean también.