Desde Ginebra

La economía mundial y el coronavirus

Eduardo Sperisen-Yurt esperisen@gmail.com

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Hace casi dos décadas el virus del síndrome respiratorio agudo severo, conocido como SARS, mató a cientos de personas y desató el pánico, afectando en su momento a la economía global. Hoy el nuevo coronavirus emergió en diciembre del 2019, en Wuhan, China, llamado así por los picos en forma de corona que sobresalen de su superficie. Es también conocido como covid-19 y se está propagando desde China al resto del mundo.
Según investigaciones preliminares, el covid-19 parece moderadamente infeccioso, similar al SARS, y se transmite por el contacto con las manos y la saliva, al toser. Los científicos han estimado que cada persona infectada podría propagarlo entre 1.5 y 3.5 personas, sin eficaces medidas de contención.

La propagación del coronavirus covid-19 se ha convertido en uno de los temas de la agenda macroeconómica internacional. Analistas calculan un impacto negativo de esta enfermedad al crecimiento comercial y están estimando un recorte de 0,5 puntos porcentuales de crecimiento interanual en este trimestre. Esto podría significar, según expertos, una pérdida de casi medio trillón de dólares americanos en la actividad económica.
Aunque las industrias en China están siendo afectadas, la automovilística, en general, es uno de los centros más vulnerables de los países desarrollados al posible contagio de esta enfermedad, debido a la reducción en la producción que, entre otras, provoca a las cadenas de suministros que proveen los insumos a la industria.

De lo mencionado anteriormente existen principalmente dos razones: una, los fabricantes de automóviles advierten un impacto casi inmediato a las fábricas de Europa y Asia, que ya se están viendo obligadas a reducir la producción por falta de piezas de fabricación en China. El sector de la fabricación de automóviles sigue siendo un sector fundamental en las mayores economías industriales. Es en momentos como este cuando se pone de relieve cómo afecta la globalización de la producción y, por consiguiente, los interdependientes, que son las economías de los países alrededor del mundo.

Dos, la industria automovilística se enfrenta a la crisis de suministro inducida por el virus, después de haber sufrido una serie de golpes, como lo fue el llamado Dieselgate, que creó un incierto futuro para los motores de combustión interna, además de las fricciones comerciales librada entre Estados Unidos y China. Todo ello ha contribuido a la recesión industrial en Europa y América, y el coronavirus solo puede empeorar la situación.

La escasez de piezas de automóviles ya ha obligado a Hyundai a cerrar plantas en Corea del Sur y ha hecho que Fiat Chrysler haga planes de contingencia para evitar el mismo resultado en una de sus plantas en Europa. Adicionalmente amenaza también a otras industrias, entre ellas de alta tecnología como la empresa Qualcomm, el mayor fabricante mundial de chips para teléfonos inteligentes, que advirtió de que el virus estaba causando una incertidumbre en torno a la demanda de teléfonos inteligentes y los suministros necesarios para producirlos.

Finalmente, lo cierto es que vivimos en un mundo interconectado con muchas incertidumbres, por lo que se deben fortalecer las políticas que fomenten una mayor resistencia a las perturbaciones de este tipo de brotes. El énfasis en el futuro debería estar en la prevención para reaccionar muy rápidamente en caso de que se produzca otro brote de esta naturaleza. Todo dependerá de qué tan preparado esté el mundo y qué tan rápido pueda contener las situaciones de este tipo, que pudieran surgir con más frecuencia en el futuro.