Aleph

La educación y la justicia

Carolina Escobar

Publicado el

La corrupción ha tocado también profundamente la academia, hasta el punto de afectar una ya muy falseada elección de fiscal general. Decanos de cinco “universidades” (Istmo, Occidente, San Pablo, Usac y Panamericana) votaron a favor de la actual fiscal general, sobre quien pesan serias tachas, además de que otra “universidad”, que votó ahora en su contra, había hecho antes absoluto mutis ante señalamientos de plagio en una tesis doctoral que salió de esa casa de “estudios”.

El sistema educativo está secuestrado también. El actual Ministerio de Educación tuvo la oportunidad de mejorar la infraestructura de las escuelas, el saneamiento, el acceso al agua o los drenajes durante la pandemia, y no atendió ni siquiera estos aspectos tan esenciales y básicos. Se dice que, por ejemplo, solo en Alta Verapaz, 1,400 escuelas siguen sin agua y, sin embargo, más de Q300 millones se han destinado a un seguro médico escolar que huele a más corrupción y que es inservible ante el creciente ausentismo escolar que inició durante la pandemia y hoy continúa.

La misma viceministra del Mineduc, al ser cuestionada por integrantes del partido Semilla, reconoció que miles de estudiantes no podrán regresar a las escuelas por falta de reparaciones. Tampoco garantizan que, si regresan a las escuelas, ese regreso sea seguro para los niños, niñas y adolescentes, escudándose en que no pueden reparar las escuelas porque los terrenos no son propiedad de ese Ministerio (¡!). Y es tan profunda y lamentable la corrupción, que muchas veces tampoco el dinero manejado por las asociaciones de padres ha sido bien invertido. El mismo Mineduc ha modificado un préstamo del BID para instalar 390 aulas desmontables que tienen una duración promedio de 10 años de vida útil, por lo que pagar la deuda demorará más años que lo que durarán las aulas. Y ¿dónde están las 16 escuelas bicentenarias prometidas? ¿Ya se entregó el medio millón de libros destinados a los estudiantes de primaria y preprimaria? ¿Quieren desmantelar Conalfa para quedarse también con ese presupuesto, para luego no hacer nada?

La educación guatemalteca es un barco sin rumbo ni capitán. Y lo que hoy estamos dejando de hacer en ese rubro, lo viviremos como un futuro sin mucho horizonte. Desde que dejamos de entender el sentido profundo de la educación, que es un sentido emancipador, hemos visto cómo se ha deteriorado la calidad educativa del país. La educación no solo ha de servir para formar gente para las empresas y carreras que se diseñen al servicio de intereses económicos; la educación busca que las personas desarrollen su máximo potencial para crear mundos más justos, civilizados y humanos en todas las dimensiones posibles.

Cuando la educación nos domestica y no nos hace seres pensantes, dejamos de identificar la tiranía y la corrupción como tales, porque se rompen nuestros esquemas conceptuales tradicionales sobre la justicia. Eso es lo que nos ha venido pasando desde la preprimaria hasta las universidades guatemaltecas, donde cada vez desaparecen más la investigación, la imaginación, el criterio propio, el pensamiento crítico y la creatividad. Hace años que decimos que muchas universidades guatemaltecas son colegios superiores que no permiten la libre expresión, el disenso y el conocimiento profundo de la historia.

Sabemos que el giro político que han dado los gobiernos de los últimos 25 años y el poder económico han puesto en jaque a nuestra frágil democracia. Sabemos también que la educación es un indicador del desarrollo democrático; depende de la educación cómo nos relacionamos, respetamos y vemos entre nosotros y juega un papel fundamental para erradicar la pobreza, la enfermedad, la violencia, la inseguridad, la pasividad, la desinformación o la corrupción. Por ejemplo, entre menos o peor educación, más jueces, fiscales, gobiernos y diputados corruptos. ¿Se entiende?