Cable a tierra

La fábula del escorpión y la rana: una versión local

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Siendo que la emigración masiva indocumentada hacia USA es un proceso cuya génesis es estructural, multidimensional y multicausal, es difícil imaginar cómo acabar con el problema sin trastocar profundamente los factores que lo originan. Con este tema nos pasa lo mismo que con la desnutrición crónica de la niñez, se quiere acabar con este drama humano abordando sus causas inmediatas (nutricionales y de acceso a servicios de salud) y, con suerte, algunas intermedias (educativas, de cambio de comportamiento y acceso a mejores condiciones de vida y de acceso a alimentos), pero no se quieren tocar las causas estructurales que comparten ambos problemas. Para eso hay que abordar, inevitablemente, la matriz económica vigente; sobre todo el afán de perpetuar un modelo de acumulación que, aunque cambie la actividad económica predominante, mantiene intacto su ADN concentrador de las riquezas y de los recursos disponibles en unos pocos (los mismos), expoliando a todos los demás de las oportunidades y de todos los recursos productivos posibles.

Vista de esta manera, la emigración masiva indocumentada, si bien es un fenómeno social con dinámica propia, inadvertidamente también se convirtió es una muy conveniente válvula de escape para mantener el orden de las cosas. Hasta hace unos años era una forma de desfogar la presión interna que provoca el modelo económico expoliador, que le traía pocas externalidades negativas al sistema económico y al Estado guatemalteco.

Por el contrario, le traía —y aun le trae— varias ventajas: a pesar de su volumen creciente, la emigración indocumentada no ha hecho que se pierda la disponibilidad de mano de obra cuasi-esclava que aún necesitan los procesos productivos principales en los que se basa todavía buena parte de la matriz económica nacional (pues no todos los que quisieran emigrar pueden hacerlo). Esta realidad se cimenta en que todavía tenemos una estructura sociodemográfica joven y poco educada, que nutre ambos procesos. Así, la necesidad de ocuparse y generar un ingreso, por precario que este sea, mantiene deprimidos los salarios y los ingresos de la gente, y con ello el hambre presente en la mesa de millares de hogares guatemaltecos.

Además, para el establishment, la emigración aporta la ventaja adicional de que provee, por la vía de las remesas, un confortable colchón macroeconómico al país, enriquece a los dueños del sistema financiero (los mismos que controlan los demás sectores productivos) y mantiene el consumo activo en una economía rentista y poco productiva.

Así, habría que preguntarse ¿qué incentivo real tiene la #EliteDepredadora para detener ese proceso? Yo no lo veo. La emigración indocumentada les provee demasiadas ventajas económicas y de preciado control territorial que pueden estarse quedando fuera del radar, especialmente ahora que, en su alianza perversa dentro del #PactoDeCorruptos, han tomado nuevamente el control absoluto del Estado. De hecho, para las otras dos facciones del #Pacto, la emigración indocumentada también tiene ventajas que ya no alcanzaré a describir en esta columna.

Por esto, confiar en que el Gobierno será un verdadero aliado para detener la emigración indocumentada —o en la lucha contra la corrupción— sería un gran error. Mi impresión es que administrará su facultad represiva sobre la emigración conforme a sus intereses y el desenvolvimiento de la coyuntura. Y que no hará nada, como no ha hecho nada hasta ahora, por impulsar medidas de desarrollo inclusivo que al menos desactiven algunos de los catalíticos inmediatos de la emigración. Lo podrían hacer, si quisieran, pero lo que han mostrado hasta ahora es tener un profundo desprecio por la gente guatemalteca.