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La gratitud puede hacer fácil la convivencia

La capacidad de ser agradecido enriquece nuestras relaciones y nos hace ser amigables.

Debemos reconocer que cada uno de nosotros en los años formativos de nuestra infancia fuimos enseñados por nuestros mayores a ser agradecidos, entendiéramos o no la razón, pero había que cumplir con la orden porque, de lo contrario, para algunos de nosotros el no hacer lo que se nos pedía implicaba una llamada de atención.

Unas breves palabras de agradecimiento pueden abrir un nuevo horizonte que cambia nuestro futuro.

En esta tarea, que reconocemos que tiene su mérito, debemos asegurarnos de que aquellos que son criados por nosotros asimilen este principio tan fundamental.

La convivencia humana está entretejida con una diversidad de relaciones interpersonales, las cuales deben ser fortalecidas y mejoradas, a fin de que sean no solo gratificantes, sino provechosas.

Y un elemento importantísimo para este logro es ser agradecido. Nos consta a cada uno cómo las personas que demandan y se quejan son aisladas, y quienes conviven con ellas, de alguna manera, las ignoran.

Y lo contrario es con aquellos que agradecen cada gesto, no porque estén a gusto, sino que reconocen lo que otros hacen voluntariamente, para que uno tenga o logre lo que necesita.

Es triste ver que personas que son autosuficientes se alejan de los demás con expresiones que demandan independencia, y desean que no se les moleste cuando están haciendo lo que les interesa.

Pero se olvidan del elemento fundamental de que nadie puede vivir en esta vida sin tener que depender de otros, tarde o temprano, para alguna de las necesidades que son básicas para nuestra existencia.

Y en estos casos, cuando alguien ha sido agradecido, y reconoce la ayuda y el apoyo de otros, seguramente cuando surge una necesidad encuentra el acercamiento de otros ofreciéndose para ayudar. Y no porque uno los haya llamado, sino que les nació a ellos el tomar la iniciativa y ofrecerse.

La realidad es que no podemos negar que pueden existir personas que no tuvieron la bendición de recibir la instrucción y la formación de ser agradecidas.

Eso no implica que la vida tiene que seguir así. Tan pronto como se den cuenta de que tienen una necesidad que suplir en sus relaciones y agregar la modalidad de ser agradecidas, lograrán cambiar no solo el panorama de la vida, sino también lo provechoso de cada relación personal que se tiene.

Un ejercicio sano es que nos autoevaluemos antes de juzgar a los demás, de cuán agradecidos somos nosotros con las personas que nos rodean y de las cuales constantemente recibimos favores y atenciones que ellas no tienen obligación de hacer, pero, por lo cortés y amables que son, dejan lo que están haciendo para atendernos.

Nuestra primera reacción y actitud debe ser de agradecimiento, no simplemente por un cumplido que se comunica con una frase, sino que esta debe ir acompañada con expresiones y comportamientos que demuestren que de verdad no solo estamos cumpliendo con un deber, sino somos de aquellos que quieren hacer un alto en el camino y reconocer el favor recibido y expresar nuestra gratitud.

Difícilmente se nos ha de exigir que seamos agradecidos, pero, sin lugar a dudas, habremos de proyectar nuestro perfil personal como personas corteses y agradecidas, y eso habrá de hacer grato y feliz el tiempo con quienes convivimos.

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.