Punto de encuentro

La Guatemala de Jimmy

Marielos Monzón @MarielosMonzon

Alejandro Giammattei será el sucesor de Jimmy Morales, el cómico devenido en gobernante que resultó ser peor político que actor, lo que ya es mucho decir, tomando en cuenta lo patético que resultaba su programa Moralejas, que destilaba racismo, clasismo y misoginia.

Si bien era deplorable —aunque no extraño— que la televisión abierta diera cabida a este tipo de humor, cargado de estereotipos y descalificaciones, el daño resulta exiguo si se compara con lo que significó y significa —todavía le quedan algunos meses para seguir haciendo destrozos— el que una persona con sus características, limitaciones, vicios y complejos tomara las riendas de un país que buscaba con desesperación un camino para salir de la pobreza, la corrupción y la impunidad.

Aquel personaje que se presentó durante la campaña del 2015 como “ni corrupto ni ladrón” y que se cubrió con el manto de la “nueva” política resultó más peligroso que la caterva de cuervos a los que la población tenía bien identificados como parte de las redes de captura del Estado y por quienes no quería votar.

La lógica de la “antipolítica” —que privó en el electorado— fue convenientemente leída y aprovechada por el círculo de poder real —conformado por militares de inteligencia— que rodeó y construyó al “Jimmy candidato” y sostuvo al “Jimmy presidente”. Siempre estuvieron claros respecto de que en las debilidades de Morales radicaba su capacidad de influencia y de maniobra. Era la marioneta perfecta de la experimentada banda de titiriteros para detener y desarticular la maquinaria de demolición que habían activado el MP y la Cicig contra las viejas estructuras de cooptación y las redes ilícitas que mantienen una relación simbiótica con actores estatales.

Por eso no les fue difícil revivir la vieja alianza de la oligarquía con los militares de la contrainsurgencia y contar con el financiamiento de poderosos empresarios para la campaña del FCN Nación (sí, los de la foto) que desde entonces cogobiernan con Morales y que, todo parece indicar, lo harán también con Giammattei.

A cinco meses de que termine la presidencia, el balance de la gestión Morales-Cabrera no podría ser más deplorable. Su “legado” es un no-legado. Algo así como la herencia de un difunto que deja solamente deudas, problemas no resueltos y compromisos imposibles de asumir.

El país está prácticamente paralizado. La gestión gubernamental fue nula en ámbitos estratégicos y en el cumplimiento de derechos básicos para la población. Más pobreza y abandono, menos inversión pública, más desnutrición crónica y una reducción drástica de los ingresos tributarios. Todos incentivos perversos que dispararon la miseria y la migración hacia los Estados Unidos.

El único objetivo que el gobierno de Morales y su camarilla de corruptos cumplió fue terminar con la Cicig y volver a cooptar el MP. Para lograrlo retorcieron la ley, desobedecieron resoluciones judiciales, pactaron con las mafias y convirtieron la política exterior en la moneda de cambio para resguardar sus intereses. Ese es el legado de Jimmy para Guatemala: la regresión autoritaria por la vía de un pacto perverso para que sigan reinando la corrupción y la impunidad.

El proceso electoral —como se venía advirtiendo— resultó ser el mecanismo para dotar de aparente legalidad las maniobras del Pacto de Corruptos. Al final triunfó el sistema con la corrupción como elemento cohesionador. Los operadores y sus estructuras, manejadas desde los oscuros cuartos del poder, impidieron que las elecciones se convirtieran en una amenaza para el sistema de cooptación y captura que Jimmy Morales afianzó y que nos dejó como el peor de sus “legados”.