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La influencia mediática en las elecciones de EE. UU.

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

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Mucho se comentó sobre el apoyo periodístico en las elecciones del 2016 hacia la candidata Hillary Clinton, pero este 2020 el papel de los medios de comunicación en Estados Unidos ha sido totalmente parcial hacia los demócratas, con algunas excepciones. Los principales noticieros lucen como activistas de este partido y promueven la hostilidad colectiva hacia el presidente Trump. En lugar de honrar el calificativo de “libre e independiente” como se había catalogado a la prensa estadounidense hasta hace algunos años, los medios se han dedicado a estar inmersos en una corrupción ideológica, al clientelismo y con una agenda abiertamente alineada con los demócratas, sin importarles su propia imagen dentro del periodismo. Nunca se había visto en unas elecciones una prensa tan compactada y unida contra un candidato.

Las elecciones presidenciales del 2020 no son una contienda entre Trump y Biden, sino parecen una disputa entre Trump y los medios. Sin duda, los mayores accionistas de estas empresas forman parte de esa agenda global de la cual he venido hablando desde hace algunos meses. Durante los recientes disturbios, los medios estadounidenses, con algunas excepciones, no denunciaron a los alcaldes demócratas ni a los gobiernos locales por permitir la violencia y el abuso. Sin embargo, aunque el presidente Trump hiciera algo bueno, lo criticaban. La cobertura no ha sido equitativa y los análisis en cuanto a ambos candidatos han sido parciales. Ha sido evidente que no han mencionado nada sobre los escándalos de los abusos sexuales de Biden, acusado en el pasado por varias mujeres de ser muy “sobón”.

El panorama actual revela que ya no existe una prensa confiable y libre en los Estados Unidos, con la excepción de la radio, la televisión privada, los podcast y los comentarios de las redes sociales.

Los medios de comunicación que difunden noticias falsas son “los enemigos del pueblo”, dice Trump. Y tiene razón, porque el sesgo que conduce a implantar un pensamiento direccionado en las masas, dejando de lado la imparcialidad y la verdad, lleva un objetivo oculto que va justamente contra el bien común. Hasta hoy todas las noticias difundidas por estos medios parecieran ser una conspiración para derrocar a Trump y colocar a Biden (proclive a la agenda del Nuevo Orden Mundial). De igual forma la comunicación digital también ha sido trastocada. Recientemente hubo una controversia entre Trump y Twitter, luego de que esta red amenazara con cerrar la cuenta del presidente, quien, con sus tweets, es uno de los usuarios más populares. Twitter no es la primera vez que ha tratado de orientar opiniones políticas en una dirección u otra, para ello ejerce la censura sobre los mensajes que deberían ser neutrales.

Cada vez más las redes sociales han cambiado su rol de plataformas para comunicarse a trampolines políticos. Las voces conservadoras conocidas son censuradas o excluidas. YouTube elimina en cuestión de horas videos de comentaristas que apoyan a Trump.

Hoy los medios aseguran que Trump es un peligro para la libertad de prensa, en un país en el cual se está perdiendo la independencia por el control ideológico de la izquierda y la desinformación que difunden los principales medios estadounidenses. La falta de verdad destruye la virtud y favorece el triunfo del mal. El monopolio de la ideología es lo que caracterizó a los peores regímenes de la historia. Estas elecciones pueden convertirse en un punto sin retorno para EE. UU. y, evidentemente, estas opiniones que se difunden en cascada desde los medios estadounidenses más populares hacia el mundo, a través de sus corresponsales, retuercen la óptica real de la situación. No se deje engañar.