Si me permite

La lactancia materna se valorará toda una vida

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“La lactancia es un asunto de derechos humanos. Los niños tienen el derecho a la vida en los estándares más altos posibles de la salud”. Alto Comisionado de las Naciones Unidas

El hecho de que esta semana se ha designado como la Semana de la Lactancia Materna nos invita a darle el espacio para valorar y repensar en esta vivencia tan esencial que marca la vida de los humanos y la necesidad que representa para todos nuestros infantes.

Lamentablemente, en nuestra sociedad muchísimas veces los intereses, conveniencias, como los gustos, alteran prácticas que, si bien tienen explicaciones, no por ello resuelven el problema. La lactancia materna está en este renglón, por el simple hecho de que los que reciben lactancia materna lo hacen con un beneficio que va mucho más allá que la práctica del momento en que lo está recibiendo, y puede hacer la diferencia para el resto de la vida.

Es común ver en nuestra sociedad cuando un infante está inquieto y llorando cómo la madre, con una acción reactiva, le ofrece pecho a la criatura. Este se calma, y en esa clara serenidad que se le percibe, queda tranquilamente dormido. Esto nos explica que hay algo en el ejercicio de la vida de la mujer cuando esta comparte su pecho con ese infante en una manera responsable.

Por lo mismo, uno fácilmente puede preguntarse qué es lo que pierde un infante cuando una dama, por alguna razón, prefiere alimentar a su bebé con un biberón bien preparado. En este espacio uno puede visualizar la diferencia de darse a sí mismo, a darle del pecho, para poder calmar la necesidad.

Fundamentalmente, la vida está estructurada en prioridades y responsabilidades, las cuales difícilmente pueden ser delegadas. No es lo mismo cubrir una necesidad a la realidad del cumplimiento del deber. La lactancia materna entra en esta categoría de responsabilidades no delegables, y mucho menos sustituibles, por el simple hecho de que libra al infante de muchas enfermedades. Debemos ser conscientes de no llevarnos por explicaciones para poder justificar una responsabilidad eludida.

Somos conscientes del hecho de que nosotros estamos determinando cómo y qué será nuestra próxima generación. Por ello debemos darle lugar al cumplimiento del deber maternal en no solo proveer un lugar adecuado al infante, sino también en readecuar el espacio y tiempo de la mujer, que por su deber de madre debe atender al infante con lo que solo ella puede darle. Esto se puede describir en que la mujer que ama y quiere lo mejor para su criatura habrá de adecuar todo lo que es y hace para cumplir con prioridad, dándose de sí misma al infante que con la ayuda de Dios ha traído al mundo.

Recuerdo en mis años mozos, estando de visita con mis padres donde unos amigos, la señora de la casa tenía un bebé de meses y pidió disculparse para atenderlo y poder amamantarlo. Una señora mayor hizo el comentario de que ella no debería pedir disculpas para cumplir su primordial obligación, y agregó: “Querida, nosotros somos los que debemos pedirle perdón por estar quitándole a usted el tiempo y la atención para poder hacer lo que es su deber”. Ese comentario me quedó grabado para el resto de la vida.

Nuestra sociedad, al recordar en esta semana este deber de toda madre, debemos de modo responsable ordenar nuestros deberes y obligaciones para vivir más sanamente.