A contraluz

La pandemia avanza sin respuesta coherente

Haroldo Shetemul @hshetemul

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¿Hay certeza sobre la situación de la pandemia en Guatemala? No, definitivamente no la hay. Pareciera que el presidente Alejandro Giammattei perdió el control y aunque hace esfuerzos para evitar la debacle, sus acciones siguen siendo incoherentes. Cuando se requiere la mayor lucidez y sensatez de un estadista, al mandatario solo se le ocurre decir que “somos la generación de los covidianos”. Lejos del efecto esperado de generar conciencia, tal extravagancia sirvió para que su imagen se asociara con memes en redes sociales, a más crueles y grotescos, y se perdiera la seriedad que requiere el avance del virus. Durante bastante tiempo el gobernante fue alertado sobre la necesidad de destituir al ministro de Salud Hugo Monroy, porque había llevado a esa cartera al desastre, pero lo mantenía sin sentido alguno. Finalmente nombró en su lugar a la médica María Amelia Flores, pero el daño ya estaba hecho.

Uno de los graves problemas es que no sabemos a ciencia cierta cómo está el avance del coronavirus. El domingo pasado, por ejemplo, se informó sobre 390 casos de contagio, el lunes se elevó a los 624, el martes se disparó a 771, pero el miércoles cayó a 279. No hay lógica en esta danza de cifras, de las cuales se desconoce la fecha en que se hicieron las tomas de muestra, o sea son datos que no están al día, tampoco son todos los casos que ocurren en el país. Ni las autoridades sanitarias están conformes con estos datos porque no reflejan la realidad. El miércoles pasado, el doctor Edwin Asturias, director ejecutivo de la Comisión Presidencial de Atención a la Emergencia del Covid-19, dijo que no era posible que los laboratorios privados no reporten los resultados de las pruebas, aunque están obligados a hacerlo. El Ministerio de Salud no se da a respetar. Eso significa que nos movemos a ciegas y se desconoce cómo está la pandemia en el territorio nacional.

En los centros asistenciales la crisis está a flor de piel. En el hospital del Parque de la Industria, el personal médico, de enfermería y de administración lleva más de tres meses sin recibir salario. Los mensajes presidenciales alaban la labor de los médicos, pero esas expresiones son vacías porque estos carecen del equipo necesario para hacer frente a la atención de los pacientes. ¿Cómo es posible que no se atiendan las necesidades mínimas del personal que todos los días se enfrenta al virus y que su vida está de por medio? Dinero hay, voluntad política es lo que falta. El Hospital Genral San Juan de Dios también está en una situación crítica. El periódico online Nómada reportó que ese centro está al borde del colapso y que en cada turno los médicos tienen entre 3 y 4 muertos por covid-19. El área habilitada tiene capacidad para atender entre 15 y 19 pacientes, pero hay días que llegan a los 75, sin que puedan trasladarlos al hospital del Parque de la Industria porque carece de capacidad.

La vista del presidente Giammattei está lejos de la debacle de los hospitales. Su imaginación vuela hacia la construcción de siete nuevos centros asistenciales. Por supuesto que ese futuro es el que deseamos para el país, pero no podemos soñar con elefantes blancos si antes no se soluciona la crisis actual. ¿Cómo pensar en nuevos hospitales y no invertir en los actuales, que están colapsados? Además, quien dirigirá la construcción será nada menos que Hugo Monroy, que llevó al desastre al Ministerio de Salud y es conocido por ser contratista del Estado. Es como si pusieran a Drácula a administrar el banco de sangre. Estas incoherencias son las que hacen pensar en la inexistencia de una política de salud y que el único objetivo es dar la apariencia de crear infraestructura que puede ser susceptible de corrupción. Basta ver alguna firmita que llegó como viceministro de Salud para preocuparnos por el futuro de los fondos públicos.