Si me permite

La paternidad es válida por su disponibilidad

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“El mejor legado de un padre a sus hijos es un poco de su tiempo cada día”. León Battista Alberti

Cuando entendemos correctamente la estructura de la familia y el hogar, lo primero que se destaca es la cabeza, y esta regularmente está representada por el padre, que de una manera u otra debe dar dirección a cada uno de los miembros para que el conjunto no solo esté funcionando, sino que se sienta logrado y motivado.

En la tarea de la paternidad entendemos que no es la cantidad de tiempo que se dedica, sino la calidad de tiempo y también la manera como se maneja la interdependencia de cada uno de los miembros de la familia. Es sorprendente que la tarea de la paternidad no es una cosa estática, sino que es dinámica por el cambio que cada uno tiene, pues a medida que el tiempo pasa los hijos van creciendo y necesitan una readecuación del trato y de la relación que se tiene. El elemento más constante es el respeto y la obediencia que se le debe a un padre cuando él está cumpliendo con su papel por encima de sus limitaciones.

El mejor padre es aquel que guía a los miembros de su familia para que puedan lograr sus sueños y avanzar en la vida, y que cuando llegue el tiempo en el que el padre ya no esté físicamente con ellos, el recuerdo siga por lo que sembró en ellos, y que en cada conversación surjan recuerdos de ese hombre, de lo que hizo y cómo motivó a cada quien para que llegara a donde ha soñado.

Es sorprendente cómo en una familia hay una diversidad de personalidades y capacidades, pero cuando están bien relacionados generan una interdependencia que se refleja en el modo como se buscan y se ayudan. Este cuadro no es posible a menos que un padre haya tomado el tiempo y el interés con todo el sacrificio que esto implica para lograrlo.

Cuando se tiene es un valor agregado para el bien de toda la familia y se benefician también los que se unen a ellos, sea por matrimonio o por relación de parentesco.
No hay cuadro más triste y lamentable que un hogar donde la figura del padre está vacante. Si el caso es porque ha fallecido, la Biblia enseña que Dios es el padre de la viuda y de los huérfanos, pero nunca el sustituto, porque Dios no desplaza a nadie, sino que nos da la oportunidad de aprender a ser responsables y no esperar que otros hagan lo que a cada uno nos toca hacer.

Es maravilloso poder ver a un padre jugando con sus niños pequeños como si él también fuera un niño, pero pasa el tiempo y el mismo padre está sentado con los mismos hijos y ahora parece estar en una reunión de ejecutivos, planificando o resolviendo situaciones de las más diversas, pero estar activamente presente, lo que jamás será olvidado por haber hecho lo que le correspondía y por ello nunca lo evadió.

La verdad, en nuestros días necesitamos una participación proactiva de cada padre de familia para que de esa manera podamos evitar la decadencia del núcleo familiar. Pero si cada padre ocupa su lugar con dignidad y entusiasmo, la próxima generación será mucho más próspera y saludable en todo el sentido de la palabra y de ese modo se evitará una mayor decadencia social.

Podemos leer la historia y ver sus altibajos, fundamentalmente por el modo como se ejerció la paternidad. La gran pregunta hoy en día es qué paternidad está siendo ejercida para poder mejorar las relaciones interpersonales y también las personales.