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La soberanía, Twitter y el tercer país

Carolina Escobar

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La soberanía de Guatemala es un mito sostenido por generaciones. A tal punto es mentira que un solo mensaje en la cuenta de Twitter del presidente de los Estados Unidos nos puede poner a temblar. Una cosa es el penduleo del juego político limpio y otra es que los destinos de Guatemala se hayan definido desde hace décadas en Washington, a requerimiento de la élite económica guatemalteca y sus cabildeadores, en contubernio con sus socios locales de las demás élites. Así se juega aún la Real Politik en la república bananera.

Si esto se reflejara en el bienestar de las mayorías, quizás hasta se agradecería tal nivel de representación, pero detrás del escudo de la soberanía que usan para negociar la “defensa de los intereses de la patria” han estado los más voraces intereses personales o sectoriales que hoy nos sitúan, en el contexto mundial, como uno de los países más pobres, violentos, inseguros, insalubres y menos educados del mundo. Sabiendo esto, el gobierno actual y sus lacayos negociaron en Washington que Guatemala se convirtiera en un Tercer País Seguro. ¿Qué negociaron? ¿Cómo podríamos ofrecer asilo y refugio a migrantes extranjeros y garantizar sus derechos, si ni siquiera podemos ser primer país seguro para la población guatemalteca?

De allí que agradezcamos a los tres magistrados de la Corte de Constitucionalidad (CC) que interpretaron la Constitución y el sentir de tantos hasta detener esa intención. Sin embargo, bastó un tuit en tono amenazador en la cuenta del presidente de Estados Unidos hacia Guatemala para que buena parte de la patronal, del gobierno y el Congreso se fueran contra la CC hasta que se produjera, otra vez, un golpe de Estado técnico que violenta, a todas luces, el manoseado estado de Derecho. Así nuestra soberanía y el debilitamiento de nuestra institucionalidad.

Primero, las sanciones arancelarias de Estados Unidos a Guatemala no son viables, habiendo un tratado de libre comercio como el Cafta de por medio. Siendo un tratado multilateral, todos los países del tratado tendrían que medirse con el mismo rasero, lo cual no es ni fácil ni posible. ¿Cómo le impondrían a países que no tienen una problemática migratoria como la nuestra tarifas arancelarias? Esto podría generar, según el exmagistrado de la CC Rodolfo Rohrmoser, que se pusiera en funcionamiento un acuerdo de resolución de conflictos que el mismo Cafta contempla y, según él, “Guatemala podría ganar fácilmente el arbitraje que pudiera plantearse ante el tribunal internacional”.

Segundo, el tema de impuestos a las remesas nos podría llevar no solo a un caos social, sino a un gran problema económico. Siendo nuestro principal rubro de ingresos, no sólo estaría dando un duro golpe a la misma población que pretende devolver, sino a la mayoría de la población de un país como el nuestro, que no tiene hoy las oportunidades para generar sus propios recursos. Además, los “cómos” de estos gravámenes no están claros y podrían generar una crisis aún mayor. ¿Qué le pasaría a una Guatemala que no recibiera los US$25 millones diarios en remesas familiares que recibió durante 2018? (un total de US$9 mil 287 millones, según el Banguat).

La culpa no es de la CC, que vela por los intereses del Estado, sino de los operadores políticos de este gobierno y los empleadores de los lobbistas en Washington, que han vuelto a poner a Guatemala en bandeja de plata, en manos de mercenarios. Mientras, la migración hacia el norte es imparable y las detenciones de los migrantes —sin garantías de derechos— siguen, igual que siguen aquí la corrupción y la impunidad. Y seguimos también nosotros, quienes sabemos que, entre tanta oscuridad, se cuela siempre una veta de luz. Por allí pasaremos algún día hacia otra Guatemala.