Si me permite

La televisión es un recurso, no debe distraernos

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“Si de pronto se descompusieran todos los televisores del mundo, no habría escalas para medir los maremotos de aburrimiento”. Manuel Campos Vidal

Desde que la televisión fue inventada, desde los tiempos en que no contaba con toda la tecnología que hoy tenemos, siempre han estado los dos grupos de personas en sus dos extremos, unos que, desatendiendo sus prioridades de la vida, están esclavizados y amarrados a la televisión, y, por el contrario, otros que se informan, instruyen y se mantienen al día de lo que hay en su derredor por estar viendo la televisión.

La primera reacción que debemos tener cuando se nos dice que no hay que distraerse es ver en qué contexto se nos está indicando, por ejemplo si estoy pendiente de hacer una tarea y dejando eso me siento a disfrutar de un programa en la televisión. Sería diferente si, habiendo cumplido con todas mis obligaciones de ese momento, tomo un receso o un tiempo de descanso para ver algún programa.

En algunos casos interrumpo lo que estoy haciendo simplemente para informarme y luego regresar a lo que estaba haciendo con todo el peso de la responsabilidad que me debe caracterizar, tomando la televisión como un instrumento informativo.

Cuando la voluntad es un elemento determinante para lograr una vida de productividad, la televisión llega a ser un buen paramento que me ayuda a medir la fuerza de voluntad para poder determinar qué debo y cuándo lo debo hacer.

En la sociedad que nos ha tocado vivir, el estar informado no es una alternativa, sino una necesidad que habrá de definir en lo que habré de emprender cómo tomar las decisiones y cuál deberá ser mi prioridad para alcanzar las metas que uno se está trazando a largo plazo.

La información no debe ser un instrumento que nos habrá de crear prejuicio, sino al contrario, cuando la información es certera y uno sabe interpretarla, le habrá de ayudar a ser una persona propositiva y poder sanamente integrarse en la sociedad donde comparte su vida.

La distracción, cuando está bien entendida y correctamente planificada, nos ayuda a oxigenar la creatividad que necesitamos para ampliar nuestro horizonte y poder abrir puertas que nos llevarán a rumbos nunca imaginados.

Cuando llegamos a las programaciones que la televisión ofrece, un elemento que muy seriamente debe considerarse es la edad de la persona que está viendo los programas que se ofrecen. Los seres humanos iniciamos viviendo una etapa formativa, la cual debe ser muy cuidadosamente orientada para que no deje daños que nos acompañarán toda la vida.

La televisión debe ser considerada como un instrumento, teniendo presente que los programas que presenta deben ser analizados y determinar para qué edad y qué nivel de madurez están dirigidos, y si el que está sentado y observando el programa cumple con esos parámetros. Porque nadie planifica hacer daño, pero si no se tiene un análisis crítico ante lo que se está viendo, el daño es real y en muchos casos triste, pero es irreversible.

Entendiendo la diferencia entre los recursos de que disponemos hoy y además lo dependientes que nos podemos volver de los recursos tecnológicos, debemos buscar un claro equilibrio para poder ser productivos y no estemos perdiendo oportunidades que la vida nos ofrece, las cuales nunca podremos recuperar y llegarán a manos de otros si nosotros nos quedamos atrás.