Liberal sin neo
Las reglas crean incentivos
La piedra atrapada entre los engranajes.
En un pequeño pueblo, el reloj de la torre siempre iba cinco minutos atrasado. Cada domingo, el relojero subía con paciencia los escalones y empujaba la aguja de los minutos cinco marcas hacia adelante. Para el lunes, el reloj volvía a mentir. El relojero no se daba por vencido. Compró una escalera más alta, untó de aceite la esfera del reloj y contrató a un joven para que anunciara la hora correcta a gritos desde la plaza. Así pasó cuarenta años, convencido de que estaba cumpliendo con su deber; corregía la aguja cada domingo sin abrir jamás el mecanismo del reloj. Nunca se percató de la piedra atrapada entre los engranajes. Murió orgulloso de su dedicación y el pueblo reconoció su esfuerzo, pero no la hora correcta. Parábola anónima.
Tienden a untar a los más útiles para grupos de interés del momento político.
Es el caso de las comisiones de postulación y procesos para nombrar a altas autoridades a posiciones clave de la administración pública; la piedra en los engranajes está en la propia ley. La intención de los procedimientos que establece la Constitución era crear mecanismos que garantizaran la independencia política de estas altas autoridades, especialmente a través de dar voz y representatividad a diferentes sectores profesionales, académicos y gubernamentales. La ley definió recetas y rituales para producir pesos y contrapesos, balance en la precalificación de candidatos. Varias iteraciones de estas recetas han producido procesos caóticos y entrampados.
Cualquier procedimiento enfrenta el problema del conocimiento disperso e imperfecto: cómo descubrir a los profesionales más aptos para el puesto, con demostrada probidad, preparación y experiencia relevante, autoridad moral y profesional. Los más aptos probablemente no están dispuestos, dado que su costo de oportunidad es alto; cuentan con mejores opciones. Los procesos que rigen tienden a untar a los más útiles para grupos de interés del momento político.
Las reglas crean incentivos. La Usac, paradójicamente, sufre retos propios de legitimidad, captura y politización mientras juega un papel protagónico en estos procesos. En las tablas de gradación que utilizan las comisiones de postulación para calificar candidatos destacan los “méritos académicos”. La mayor puntuación va para los que cuentan con doctorado, esquema que promueve demanda y oferta para estos títulos, convertidos en apetecidas credenciales, no por una inclinación por la investigación científica, sino para ganar puntos y escalar puestos. En la actual iteración de comisión para candidatos al TSE, la experiencia profesional se califica en términos del número de años ejerciendo u ocupando puestos. En nombre de la objetividad, se pasa por alto la calidad; el mérito se reduce a constancias de credenciales.
Puede hacerse el argumento de que es la música de la democracia, pero produce orquestas desafinadas de grupos de interés. Sus actos son públicos, mientras carecen de transparencia por los incentivos que engendran. Uno de los aspectos más preocupantes es que hay muy poca posibilidad de que el aprendizaje por errores conduzca al cambio. Implicaría modificar la Constitución, una puerta difícil de abrir y cerrar, como corresponde.
Pronto se sabrá si el próximo presidente del TSE será un personaje de la talla de Arturo Herbruger Asturias, que presidió ese tribunal de 1983 a 1993. Brindó tranquilidad, autoridad moral y solvencia en tiempos turbulentos. Llegó al puesto bajo un sistema diferente, no necesariamente mejor por diseño.
Se avecina el próximo episodio de comisiones de postulación; la elección de fiscal general y jefe del Ministerio Público. Literalmente orquestada, y desafinada.